Eurovegas hispánico

Luis Antonio Mariscal Rico
España, lo que más tiene son españoles, Marianico dixit. Bien. Al menos algo de capacidad residual parece quedarle en alguna remota región de su corteza cerebral a este individuo que dice ser nuestro presidente.
Luis Antonio Mariscal Rico.-Pero esto lo dice con la boquita pequeña y con ese tono de chulo de Chamberí refinado que emplea. Porque todo lo que hace va en contra de esa mayoría de españoles que él invoca, en un intento vano por apropiarse de sus sentimientos, y de sus próximas generaciones. Como ya es palmario, estamos siendo objeto, los españoles que formamos España, de un robo descarado de nuestras carteras. Pero además, con continuidad e inmunidad. El sistema debería satisfacer las necesidades de los que lo formamos y no sacrificarnos en aras de mantener un sistema injusto, corrupto e ineficaz a todas luces. Se ha desvirtuado el concepto de Estado hasta convertirlo en objeto de adoración por parte de los fieles (ya no ciudadanos)  que de forma coercitiva venimos obligados a ofrendar nuestras vidas y haciendas.

El gobierno se está comportando como esas sectas que captan adeptos y después les expolian hasta los sentimientos y pensamientos con el cuento de que por la entrega y el sacrificio se llega a la perfección y la felicidad. Caso de la Iglesia Católica y demás asociaciones cuyo fin último es el control mental de las masas. Vamos camino de ser anacoretas funcionales, nuevos mendigos que hemos dejado esfuerzos, proyectos y sueños por el camino. Nos dijeron que era posible llegar hasta donde habíamos llegado, y por eso algunos nos esforzamos, y por eso algunos nos sacrificamos para que nuestros hijos también pudieran tocar un poco de esa seguridad y tranquilidad que habíamos conquistado. Pero ahora es que no. Porque desde los alrededores de nuestro sistema se nos ataca y se nos arrebata todo aquello por lo que habíamos luchado. Y para ello, españoles de los nuestros, de esos que no se cansan de exhortarnos para que abracemos  patriotismos de calzón corto y cabras legionarias, nos traicionan colaborando con ese enemigo sin rostro, pero con una codicia desenfrenada e insaciable.

 
No se pueden cambiar las reglas del juego a mitad de la partida. De haberme sido anunciado a tiempo este escenario, es posible que no hubiese elegido el esfuerzo del estudio, del trabajo, de pagar mis impuestos, de educar en valores humanos y sociales a mis hijos. Es posible que hubiese optado por el camino más corto, el dinero negro, la evasión de capitales, la especulación y demás valores en alza oficial desde hace algunos meses. No señor, no es justo cambiar las reglas del juego. Este Casino en que se ha convertido nuestra democracia ya no tiene credibilidad. Quiero cambiar mis fichas, irme y no volver.

Comparte nuestro contenido