El pasado siempre estará presente

Luis Antonio Mariscal Rico
"Este es el fracaso histórico del PSOE, y le está pasando factura ahora"
Luis Antonio Mariscal.-La evidencia de que estamos siendo gobernados por una oligarquía económica es cada vez más constatable. Si por largo tiempo el consumismo y el incipiente estado del bienestar consiguieron camuflar la realidad, ahora, la miseria en la que nos encontramos hundidos parece habernos abierto los ojos a esta terrible verdad. ¿Qué tipo de Estado gobierna a sus ciudadanos en contra de lo que los ciudadanos quieren? Desde luego, no una democracia. Una mayoría de ciudadanos votaron en las últimas elecciones generales a un partido –el PP– que se comprometió a alcanzar unos objetivos económicos y sociales determinados. Y sobre todo a respetar, durante el proceso, los logros de bienestar alcanzados. El programa electoral de un partido, cuando es refrendado por una amplia mayoría de ciudadanos, expresa sin lugar a dudas el camino que un país quiere seguir en un momento dado.
 


Por tanto, hemos sido engañados. Nos han hecho creer que éramos dueños de nuestro propio destino. Es evidente que los causantes de este engaño no viven en lejanas montañas. Están entre nosotros, pero no son de los nuestros. Son de ellos mismos. Patriotas de una patria de circunstancias, aquella que les ofrece más rédito a su obsceno capital, atesorado a golpe de expolio de derechos ciudadanos. Siempre han estado. Son artistas del camuflaje y de la mimetización. Nos manipulan, nos controlan y nos humillan. Ahora han encontrado la excusa perfecta para desmontar el incipiente sistema de bienestar que nos mantenía confiados en un futuro mejor para nuestros hijos: la sanidad, la educación y la protección social. Es muy caro, un derroche, dicen ahora estos sinvergüenzas con las papeletas electorales aún calientes en los bolsillos. No nos lo podemos permitir, aseveran. Y liquidan la democracia con un chasquido de sus dedos. Sin más. ¿Quién les ha otorgado la potestad de tomar una decisión tan estratégica para el país, y tan opuesta al sentido del voto que recibieron? Desde luego, no las urnas. Actuando así, el Estado se aleja de los ciudadanos y el Contrato Social queda unilateralmente rescindido. Los ciudadanos, en esta situación, hemos quedado rehenes de unos políticos que han asestado un golpe brutal al Estado, legal pero ilegítimo. El Gobierno, por su parte, actúa con el autoritarismo propio de una dictadura, “dictando” medidas represoras para protegerse de sus propios gobernados, cada vez más alterados por el engaño sufrido. Y, mientras, siguen hablando de democracia.

 
El PSOE se lamenta de su suerte. ¿Por qué una parte de su electorado les critica con tanta saña? ¿Qué culpa tienen ellos de lo que está pasando? ¿Acaso no han sido portadores de avances sociales cuando gobernaban? Una posible explicación habría que buscarla, en mi opinión, echando la vista atrás, abarcando con la mirada los últimos 40 años, y no sólo analizando la coyuntura actual.  Llegado el fin de la dictadura, muchos españoles pusimos nuestras esperanzas en los partidos de izquierda, para superar tantas décadas de aislamiento y falta de libertad. Sin embargo, la muerte del dictador dio paso a un periodo de inestabilidad política y social tal, que hizo dudar de la viabilidad de un cambio de régimen. El riesgo de involución estuvo muy presente en las mentes de los que asistimos al desarrollo de aquellos acontecimientos. Muchos comprendimos, entonces, aquellas renuncias ideológicas de la izquierda que permitieron llegar a acuerdos con los herederos del régimen franquista. Lo llamaron “Transición”. Deseábamos alejarnos como fuera de aquel tiempo tan infeliz, aunque para ello hubiese que dejar en salazón las legítimas expectativas. Ahora pagamos las consecuencias.
 
Muchos aceptamos, pues, dejar en la mochila colectiva la sed de justicia, la reivindicación de las víctimas, el final de la moral católica y el advenimiento de una ética laica, la República,… También permitimos que no hubiese regeneración en las élites gobernantes, de modo que para muchos advenedizos del régimen sí resultó ser una verdadera transición. Pasaron de dictadura a democracia como el pecador que se sumerge en las aguas del Jordán y emerge libre de toda culpa original. Todo ello se aceptó en la esperanza de llegar, en nuestro caminar, a algún recodo del camino propicio para abrir la mochila y sentarnos a discutir, como ciudadanos y ya lejos de las presiones del pasado, la clase de sociedad en la que todos pudiéramos caber. Ese recodo nunca ha llegado.
 
Las expectativas de las que hablo no se han cumplido, y ello no sólo ha erosionado poco a poco la confianza de parte de los potenciales votantes del PSOE –hasta hace poco depositario principal de dichas expectativas, por su capacidad para gobernar– sino que, lo que es más grave, ha permitido a la derecha de este país (heredera de las tradiciones nacionalcatólicas del anterior régimen) mantener todos sus privilegios intactos e imponer con eficacia su memoria histórica contra cualquier intento de causa general contra el franquismo. Pondré un ejemplo de lo que digo. ¿Sería posible en la Alemania actual la existencia de una Fundación Nacional Adolf Hitler? En España tenemos la Fundación Nacional Francisco Franco (http://www.fnff.es/), cuyos estatutos enumeran como objetivo prioritario la difusión de la memoria y obra de Francisco Franco. La Fundación existe desde 1976. Y eso que en el código penal se castiga el enaltecimiento del terrorismo. ¿Qué ha sucedido? A mi juicio, que el PSOE no ha sido capaz de llevar a cabo la transformación profunda que nuestra sociedad necesitaba cuando ha tenido la oportunidad de hacerlo. Y es responsable por ello. No olvidemos que los gobiernos del PSOE han sido los más largos de esta democracia vigilada.
Por tanto, no es cierto que el PP y el PSOE sean lo mismo. El PP cuenta en sus filas con los herederos de aquella oligarquía corrupta e inmoral, que de este modo se perpetúa en el tiempo. Bajo una forma estética más moderna, les late el corazón autoritario, intolerante y dogmático del franquismo. Cuando se les deja, hacen lo que se espera que hagan. Son coherentes con su pasado. Sin embargo, el enfado con el PSOE viene, en mi opinión, por haber desaprovechado la oportunidad histórica de transformar los valores de una sociedad secularmente abducida por sus élites políticas y religiosas, en aquellos otros valores propios de sociedades más cultas y libres. Y sobre todo, habiendo disfrutado de mayorías absolutas y 14 años seguidos de gobierno (Felipe González). ¿Se han hecho progresos?, pues sí. ¿Se han puesto las bases para que perduren?, pues no. Muchos creíamos que el PSOE haría realidad el sueño de sentirnos orgullosos de formar parte de una comunidad próspera, moderna y tolerante. No ha podido ser. El PSOE se ha dejado mecer por la mano que mueve la cuna. Este es el fracaso histórico del PSOE, y le está pasando factura ahora. El pasado que nunca se fue, el pasado que sigue condicionando nuestro futuro.
 

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