Duda que algo queda

Luis Antonio Mariscal Rico
El cartesianismo enseña que la duda metódica opera como un antídoto que protege al ser humano frente a los dogmatismos imperantes.
Luis Antonio Mariscal Rico.-Yo tengo muchas dudas sobre casi todas las cosas que me rodean, empezando por mi propia capacidad para resolverlas. Por eso me admira la facilidad con que la gente frivoliza sobre asuntos que a mí me merecen un gran respeto. Esta reflexión me viene a la mente tras echar un vistazo a las atropelladas notas de prensa que los partidos políticos sanluqueños publican estos días en este medio.
Encuentro una explicación a tanta frivolidad en el hecho de que muchos de estos políticos que hoy se desgañitan prometiendo cosas –que hace un par de meses, por lo visto,  no parecían tan perentorias– son unos advenedizos encumbrados por unos partidos carentes del más mínimo sentido de la ética.
Cuando aún creía en esto de la política, tenía la ingenua idea de que eran los partidos políticos –sus bases– los encargados de definir las líneas estratégicas que sustentaban sus programas electorales. También suponía que cada partido se encargaba de formar a sus cuadros de mando en aquellas materias imprescindibles para la buena gestión, planificación, organización, etc. de  las Administraciones Públicas que aspiraban a gobernar. Ambos ingredientes –un modelo propio de sociedad y una buena preparación para la gestión de los asuntos públicos– combinados en las proporciones correctas, deberían dar –pensaba– buenos resultados a largo plazo.
 
Pero la realidad es muy distinta. Aquí nadie es capaz de sintetizar, y por lo tanto de ofrecer, una visión global y genuina sobre Sanlúcar. Sencillamente porque ningún partido político se ha puesto a ello con el tiempo y los recursos suficientes. Han renunciado a la misión transcendental, encomendada a ellos en la Constitución, de transformar la sociedad, en beneficio del logro efímero del poder. Pero a esta falta de visión política, que les impide definir –si quiera con trazo grueso– la ciudad del mañana, se une una desastrosa preparación para la gestión de los recursos públicos. Así, vemos candidaturas –de todos los partidos, sin excepción– cuyos integrantes proyectan sobre los ciudadanos una gran sombra de duda respecto a su preparación para desenvolverse en cargos de cierta responsabilidad. Algunos se lanzan al ruedo político con el atrevimiento del ignorante, atraídos por unas retribuciones económicas similares a las de un experto ejecutivo de cuentas.
 
No es de extrañar, por tanto, las cosas que se ven, se oyen y se leen estos días. Por ejemplo, la inusitada y febril explosión de actividad municipal observada en calles y plazas de nuestra ciudad desde hace algunas semanas. Huelga decir que si alguna vez hubiese existido algo parecido a una planificación de tareas en manos del equipo de gobierno municipal –cosa bastante inverosímil, en mi opinión– en estos momentos ya habríamos llegado a la fase de “lo quiero para ayer que ya pagará mañana –si ganamos nosotros– el tito Griñán”. ¿De dónde sale el dinero para pagar todo lo que se está acometiendo a marchas forzadas en Sanlúcar? Yo creía que estábamos en lo más profundo de la crisis y que el grifo público de los euros se había cerrado. De hecho, las compañías constructoras se quejan de que hace ya tiempo que la Junta de Andalucía dejó de pagarles y que la deuda con ellas asciende a un buen montón de millones de euros.
 
Se están haciendo mamarrachos de saldo para maquillar espacios públicos durante mucho tiempo olvidados, como por ejemplo la famosa “rotonda de los jaramagos”, iniciada por voluntad del difunto Juan Rodríguez (rotonda de salida hacia Jerez y El Puerto). Allí, en pocos días se ha demolido la estructura original y se ha sustituido por otra más simplona y barata a base de flores y cantos dispuestos en figuras geométricas. Es como el resto de rotondas del acceso a la autovía de Jerez. Ya vendrá otro Alcalde a quitarla.
 
Otro ejemplo: la calle Puerto –vial principal de salida y entrada de Sanlúcar– durante casi cuatro años hecha pedazos, se remodela ahora con las prisas de unas elecciones a la vuelta de la esquina. Con la experiencia de las obras del plan “E”, cuyas diferentes ejecuciones han ido presentando deficiencias intolerables –y que han dejado al descubierto una pésima gestión por parte del Ayuntamiento– me temo que la calle Puerto correrá la misma suerte.
 
Por último, me llama la atención que el nuevo edificio que albergará las dependencias de la Comisaría de la Policía Nacional y de la Jefatura de la Policía Local, lleva semanas aparentemente terminado sin que se vea actividad en su interior, por lo que me imagino que en breve (quizá en fechas próximas al 22 de mayo, quién sabe) veremos realizarse el traslado de ambas Policías (¿vendrá Rubalcaba?). Parece un tema conservado convenientemente en salazón a la espera del momento apropiado para su degustación.
 
En fin, todo esto no tiene nada que ver con la ideología, es decir, con el ser de izquierdas, de derechas, de arriba o de abajo. No nos engañemos. Tiene que ver con la honradez, el compromiso y la responsabilidad de las personas, cualidades todas ellas cultivadas por los buenos ciudadanos, indistintamente de la naturaleza de sus pensamientos políticos. Los que estaban anteriormente lo hicieron rematadamente mal, por eso los ciudadanos los rechazaron en las urnas. Se les dio la oportunidad de hacerlo mejor a los que hoy ocupan su lugar, no por méritos propios sino por demérito de los anteriores. Mala cosa es volver a explicar a los ciudadanos lo mal que lo hicieron los otros, pues de sobra se sabe. Es mejor tratar de explicar por qué no se ha hecho mejor, si es que se puede explicar, que yo lo dudo metódicamente (como buen cartesiano).

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