Las araucarias

José Luis Zarazaga
{jcomments on}“Carpe Diem amigos, aprovechad el momento de vida que aún os queda, no lo malgastéis”
José Luis Zarazaga.-Hoy este humilde desarticulista no va entrar en polémicas ajenas, que bastante calor estamos soportando en estos días y no es cuestión de que algún comentarista desaforado termine poniéndome como las hojas del perejil.
Casos aparte, felicitar a nuestro nuevo miembro del Equipo de Desgobierno, Vicente por más señas, que ha logrado levantar la primera polvareda de la temporada, y eso es señal de que algo está cambiando y que algunos políticos creen en lo que defienden y lo llevan adelante sin importarle las críticas injustas que pueden llegar a recibir. Mis más sinceras felicitaciones Vicente y como dirían. “Nene, tu si que vales”.
Hoy quiero comenzar hablando de un ser que en nuestra localidad pronto pasará a ser historia y no me seáis mal pensados, se trata de los árboles, que viendo lo que está pasando en nuestra localidad pronto serán solo un mero recuerdo.
Ayer al pasar por la Plaza del Pradillo me quedé contemplando dos  maravillosos ejemplares de Araucaria de los que aún sobreviven en nuestra localidad, eran unos ejemplares fuertes, frondosos y de una edad desconocida pero que a lo largo de su vida han experimentado el sufrimiento y el dolor. Son unos árboles que quieren vivir, que quieren disfrutar de las cosas bellas que la vida ofrece, que desean escuchar los trinos de los pájaros, pero que solo perciben el ruido de los coches y sufren sus emisiones contaminantes. Son unos árboles que soñaron en algún momento con la peatonalización de la plaza  y disponer de un espacio abierto donde poder airear sus ya viejas y castigadas raíces.
 
Son unos árboles que han soñado siempre con dejar de ser el soporte de pancartas varias, y luces navideñas que queman sus verdes ramas.
 En la amplitud de su vida han visto en varias ocasiones a la muerte bien de cerca. Aún recuerdan como un compañero cercano acabó terriblemente mutilado en el vecino patio de la Delegación de Hacienda. Asistieron horrorizados al espectáculo de ver como una fría y terrible mañana de invierno el político de turno lanzó su cólera contra su centenaria compañera y así poder instaurar uno de esos tantos mamarrachos que afean nuestras plazas.
 
Sintieron terror cuando la terrible motosierra acabo con todas las moreras que poblaban el Paseo de la Calzada, esa misma motosierra que acabó con dos ejemplares centenarios junto al Castillo de Santiago.
Han visto como el picudo rojo arrasa con todos los grandes ejemplares de palmeras que adornaban nuestras calles y que han sido sus compañeras durante su dilata existencia, han sentido la impotencia de ver como no se hacía nada y solo han podido llorar en silencio. Solo pudieron sentir como la Plaza de Madre de Dios era ocupada por la paz de los cementerios.
 
Han sentido esperanza con la llegada de cada nuevo Equipo de Desgobierno, esperanza en creer que alguien se iba al fin a preocupar por ellos, pero lo único que han conseguido es marcar otra línea de desilusión ya que si antes tuvieron una Delegada de Mal Ambiente que no hecho nada por mitigar su dolor, ahora asisten en silencio a lo que se puede definir como un nuevo Delegado de Peor Ambiente.
 
Sufren en silencio cuando ven que los nuevos árboles sembrados esta primavera mueren por falta del mínimo riego, gritan en silencio cuando ven que compañeros más jóvenes son utilizados para grapar sobre el tronco los cárteles de un espectáculo infantil, pero saben perfectamente que nadie les escuchara si preguntan al Ayuntamiento ¿porque incumplen sus propias ordenanzas?
 
Visto todo este sufrimiento uno de ellos pregunto al otro: ¿A dónde se va cuando morimos? a lo que éste respondió: Nunca nos preguntamos dónde se va la llama de una vela cuando ésta se apaga. Cuando encendemos una vela decimos que la llama está viva, y cuando la apagamos no nos preocupamos de a donde se ha ido, simplemente se apaga, y ese es el peor de los dilemas.
 
Mientras debatían sobre dicho dilema no se habían percatado de que este humilde desarticulista los estaba observando atentamente y levantándose en esos momentos una suave brisa que estremeció sus ramas, parecieron querer decir al unísono: “Tal como a ti te parece, la muerte siempre ha estado muy cerca de nosotros, pero al igual que hemos hecho durante tantos y tantos amaneceres seguiremos viviendo en el día a día”.
Pues yo os digo “Carpe Diem amigos, aprovechad el momento de vida que aún os queda, no lo malgastéis”
 
 
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