Cartas de una sombra
José Antonio Códoba.-Terminamos la semana con el nuevo movimiento de los ERE y el no menos mediático caso BÁRCENAS (¿es necesaria la corrupción?) El titular de mi anterior columna da para mucho, pero realmente poco, para lo que nos ofrecenuestra realidad.
En la antigüedad los circos romanos cumplían con creces el fin para lo que fueron creados, ¡entretener a las masas! Hoy esos circos se han extrapolado a los medios de comunicación, donde tenemos la oportunidad de ver más de un acto a la vez. Pero sí que es verdad que siguen cumpliendo con creces el fin de entretener a las masas. Bien sea por interés, información, o morbo, las masas seguimos atentamente estas novelas de corrupción.
La historia nos desvela que el dinero da el poder, y este precisa de más y más dinero para valerse. De ahí nace la corrupción.
Y sin embargo estamos nosotros aquí, creyéndonos que por vacilar en una columna o en sus comentarios ya nos damos por satisfechos. Y puede que a lo mejor sea así, o no.
Pero desagraciadamente la historia nos muestra que la corrupción es inmune a un color político o pensamiento. Ella, la corrupción se expande a razón de la cantidad de dinero que se ponga en circulación. Por ello me gustaría a estos comentaristas de artículos, sean capaces de hacer la siguiente cuenta: Calcule el dinero que hay en circulación y obtenga el porcentaje de corrupción, tomando como referencia las cantidades conocidas de alguno de los casos actualmente conocidos.
Puede que entonces comprendan que para erradicar la corrupción habremos de erradica al ser humano. ¡Ojo!, no por ello se está diciendo que no se luche contra ella o que la consintamos, ¡NO!
La lucha contra la corrupción es una batalla que sabemos es de difícil erradicación, solamente podemos permitirnos el insignificante lujo de vociferar contra ella y sus autores. Pero curiosamente los mismos que vociferan tienen por donde callar, y ya no hablo de que estén implicados en algún caso de corrupción, sino que ostentan manejar las cuentas que los implicados manejaban, por lo que el bucle vuelve a iniciarse.
Sinceramente el dinero acaba con aquellos que lo manejan honestamente y catapultan a aquellos que vician su uso.

