Hombres, hombrecillos

José Luis Glez. García
Pelotas, lametraserillos, correveidiles y otros especímenes.
José Luis Glez García.-Mi abuela, era mujer castellana, no  culta, pero eso sí,  con excelsa sabiduría popular, y refranera donde las hubiera. Siempre en sus labios había  refranes, dichos y diretes.
Uno de sus favoritos y que aprendí cuando apenas iniciaba mis primeros pasos era: En la vida hay hombres, hombrecillos, monicacos y monicaquillos. Y de estos últimos  especímenes va hoy mi aserto  cuasi semanal.
Sibilinos aduladores, camarilla de lacayos rondando dependencias anejas al poder establecido, cual moscas alrededor de una boñiga. Estos “elementos” pierden  el traserillo para transmitir las“novedades” a aquel que les protege y les da “seguridad”. Usan comentarios ajenos, que previo paso por su exiguo intelecto, convierten  en malintencionados y dañinos.
 

Normalmente, no son lumbreras en cuanto a esfuerzo y desarrollo de actividades. Eso sí, intentan vender su “alta productividad”, sobre todo a los que no tienen conocimiento previo de su trayectoria laboral.
Son individuos que dejan su nula personalidad e integridad profesional en el portón de sus respectivas empresas, ya sean públicas o privadas.
 
Y por supuesto como fieles seguidores de Paulov y su teoría conductivista, comprenden que sus  infectas conductas  aprendidas, les reportan increíbles réditos en su vida laboral.
Ellos son así, se sienten satisfechos con su rol preestablecido. Se sienten satisfechos con el halago y la palmadita, previa pregunta al jefe por su salud y la de su santa esposa.
 
Y yo me pregunto,¿ qué buscan con esa actitud rastrera?. Pues simplemente un status privilegiado en su centro laboral, el “laissez faire, laissez passer "dejad hacer, dejad pasar”,  que sus jefes aplican descaradamente  en sus personas.  Y con ello, menoscaban derechos de compañeros que no entran en ese juego poco ético que ellos practican.
 
¡Cuidado con ellos!, son ladinos y peligrosos. Los podéis encontrar en cualquier oficio u profesión. Su hábitat natural se mueve entre las sombras, la maledicencia y el anonimato. Son capaces de vender hasta su santa madre, con tal de conseguir alguna que otra prebenda. La infamia y la calumnia son sus  principales armas.
 
Su postura natural es la genuflexión. Padecen una escoliosis forzada a causa de su conducta repetitiva.  En definitiva son pobres hombres, que buscan cual perrillos falderos, que alguien les arroje un cachillo de pan para mover el rabo.

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