Entre la cobardía y el anonimato.
Me imagino a aquel o aquellos que usan el anonimato para colocar panfletos con la imagen manipulada de otro, en lugares no apropiados, ni dispuestos para tal fin. Que no dudan con sus acciones en profanar, entre otros, los sacrosantos templos del saber, (como diría mi querido Unamuno), y reconvertirlos en lugares donde descargar sus frustraciones e inquinas personales y profesionales.
José Luis Glez García.-Atacan y actúan desde las sombras – su hábitat natural- y ríen posteriormente, cual hienas recelosas, desde su escondite, incapaces de hacerlo públicamente, orgullosos de su vil “hazaña”.
Y es que nunca fueron capaces, ni tuvieron la valentía suficiente para hacer una crítica, cara a cara o por escrito con su nombre y apellidos. Por supuesto que para eso se requiere algo que a ellos les falta: coraje, profesionalidad, honestidad, transparencia….
¡Qué valientes¡ escudados tras una máscara, actuando con premeditación y alevosía, corriendo a toda pastilla tras la consecución del delito. Intentando con sus fotogramas manipulados y sus burdas “correcciones” a escritos, manchar y zaherir una labor personal y profesional de muchos años, de muchos sacrificios, de muchas horas luchando por sacar el máximo provecho a una verdadera y profunda vocación.
A esos pobres diablos, que disfrutan intentando ofender desde la oscuridad de la sinrazón, mientras ven pasar su frustrada existencia personal y profesional y acrecentar sus incurables complejos.
Esta claro que con la osadía de escribir y firmar lo que se escribe e incluso mostrar su imagen, se expone uno a que alguna mente perturbada, con intenciones aviesas y perversas, se convierta en espectador de su propia vileza y villanía. Eso les induce al agravio y a la invectiva de sus hechos, a tirar la piedra y esconder la mano. Amparados en una “libertad” sin riesgos, que no rinde cuentas a nadie, incluidos la justicia o sus propios superiores.
No se preocupen, seguirán usando embozados la perfidia y la zafiedad de sus “heroicidades”. Como dice el refrán: “perderá la zorra los dientes, pero no la maña de morder”. Son mediocres desde que estaban en la bolsa amniótica.
Eligen una opción que alguien denominó “libertad anónima”, aunque lo único verdaderamente libre es su cobardía
Afortunadamente, y por el bien de todos, son minoría y son una gota de agua en la inmensidad del océano.
Y emulando a mi admirado Serrat, solo puedo decir: “Son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal”.

