Caricatura de democracia
Una sociedad de individuos sin criterios propios produce una caricatura de democracia J. Enrique Guisado.-Soy de los convencidos de que la política debe hacerse en positivo.Es decir, que la difusión de ideas y propuestas sobre el que hacer en los asuntos colectivos, tiene como objetivo el convencer a los demás de cómo debemos de actuar en el futuro y en el presente.
En política, de nada vale lamentarse sobre si el pasado podría haber sido de otra manera.
No obstante no me cabe la menor duda, de que los errores de ayer es de donde se aprende más.
. La sabiduría crece cuando marcamos las calles del laberinto de la historia para no repetir, una y otra vez, recorridos inútiles.
Creo que en eso estamos gran parte de los que hoy vivimos en ese territorio que hemos dado en llamar España.
Pusimos todos tanta ilusión y esfuerzo en dejar atrás aquellos abusos e injusticias, que hoy estamos exhaustos.
Nadie nos advirtió, ni nosotros alcanzábamos a prever que en este nuevo marco de libertad se iban a reproducir, incluso a aumentar, las mismas injusticias, corrupciones y abusos de poder que quisimos dejar atrás.
Fue tanta la fe depositada en la Democracia, que aún hay gente que no acaba de creerse lo que ven, que no acaban de digerir que quienes recogieron su apoyo y su voto les han engañado, que no soportan ver que sus nuevos ídolos tienen parecida moral que aquellos ídolos, aunque estos se llamen de otro modo
.” La próxima vez les votara su padre”, “ La política es una porquería,” “ Todos los políticos van a lo mismo.”
Estas y otras frases parecidas, que hoy se oyen en la calle, expresan con toda claridad el estado de ánimo de una gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas de España.
Con la expresión del desengaño y la rabia de quienes piensan que se les ha tomado el pelo.
Es la voz del malestar íntimo de quienes sufren diariamente la inseguridad de sus posibilidades de trabajo, la debilidad o ruina de sus empresa o comercio, lo exiguo de su salario o de su pensión de jubilación para vivir lo costoso que resulta soportar todo el aparato del Estado y los servicios públicos, “ llámense también ayuntamientos,” mientras hay gentes que amasan grandes fortunas con rapidez asombrosa, o disfrutan de salarios altísimos o despilfarran fortunas de forma alarmante los recursos económicos públicos que tanto esfuerzo cuesta aportar
.
En definitiva, es el lógico malestar de quienes se esfuerzan para sobrevivir y cumplir con sus obligaciones, al tiempo que observan la impunidad con la que actúan un reducido, pero cada vez más numerosos grupo de incompetentes.
En primer lugar hay que extraer la conclusión que una cosa es el nombre y el discurso de un partido político y otra, sus hechos.
Es decir, que a pesar de lo que digan o de cómo se llame por los hechos se les conocen.
Por tanto, esa frase que también se oye con demasiada frecuencia de “ no soy político, ni quiero saber nada de política ni estoy por dinero,” denota un estado de opinión erróneo.
Si nos enfrentamos con la verdad los que hoy están ahí los hemos puesto nosotros y una de dos, o es esto lo que queríamos al votarles, o no estábamos bien informados.
Una cosa es no afiliarse en concreto a un partido político en concreto y otra muy distinta, no querer saber nada de la marcha de los asuntos públicos que tantos nos afectan.
Un pueblo desinformado y ajeno a la política general del mismo, y de su país, está a merced de que lo manipulen y engañen, hoy unos y mañana otros.
Una sociedad de individuos sin criterios propios produce una caricatura de democracia. La primera cuestión clave es que hay que preservar como en oro en paño la posibilidad de elegir o seleccionar, es decir, ejercer nuestros derechos de libertad y democracia.
