Mis musas

José Antonio Córdoba
Mis musas
José Antonio Córdoba.-En la mitología las musas clásicas vivían en el Olimpo, donde sus alegres canciones acompañaban las comidas de los dioses.
Yo tengo también mis musas. Ellas dominan los dos mundos entre los que me muevo. Mis dos musas cumplen años el 11 del 11, ¡curioso! Aunque sus edades son dispares, ambas por separado son simples estrellas en el cielo, pero juntas dan vida a mi Universo.
La primera musa que asaltó mi tranquilo mundo, más que musa es una brujita de aterciopelada piel, sus ojos son el celeste del cielo, sus cabellos son tan dorados que incluso el Sol la tiene celos. Ella me acompaña día y noche, en este humilde rincón que habito. De sus sedosos labios salen susurros que acarician mis mejillas e iluminan mi corazón.

Mi otra musa, ha sembrando mi alma de la más sincera amistad. Ella es compaña en mis ciberviajes, allí donde el frío de la tecnología es comparable a la bruma helada que te cala los huesos, cuando andas por un sombrío bosque. Entre las penumbras de la espesura, ella brilla con luz propia. Su luz es cálida, es lucero centelleante en el camino.

Mis musas, acompañan a esta alma perdida, como la luna acompaña a las ánimas en las tenebrosas noches.
Mi pequeña musa, es de amor incondicional, ella me ama por encima de mis millones de defectos. A sus siete años, ve en este individuo a la estrella más grande de su galaxia, (principalmente por mi tamaño) Al mirarme sus ojos parecen concentrar toda la energía que pueda haber contenida en todos los Universos conocidos.
Mi otra musa, vive en mi mundo de los cuentos. Ella es el Santo Grial de este caballero. Sabedor de su existencia, dedicaría mi vida a su búsqueda, pero cuanto más firme sea mi empeño, más lejos estaré de alcanzarla.
Pero esta es mi vida, una musa en la tierra y la otra en el Universo. De la pequeña su amor tengo, de la más grande, el sueño de escritor pretendo.
Mis más cariñosas FELICIDADES para mi amiga Paqui y  mi hija Ángela.
 
SD
Nuestras disculpas por no completar un día feliz para tu hija ojeando los piropos de su padre en este medio digital, y todo por el desatino neuronal, cuasi senil, de algún principiante de todo y maestro de casi nada. 

Comparte nuestro contenido