La verdad
José Antonio Córdoba.-“Hacia la verdad y por la verdad”, bien podía ser está la filosofía de vida de muchos místicos a lo largo de la Historia. Aunque “la verdad”, es tan real y única como individuos existen. Que exista una cierta cohesión, entre las verdades de cierto número de individuos, y que a esta cohesión se la llame Verdad, es debatible.
Qué en Verdad, existió el “Sangraal”, es algo que solo compete a los que un día vieron en él, lo que quizás nosotros y los que vengan después nunca lleguemos a entender, y aún menos, comprender.
El cáliz que contuvo en su día la “Sang Rèal”, fuera una vasija, copa, útero, son estos conceptos de un mismo fin el de contener. Un contenido que no es tan afín a la vida o perpetuidad de la misma, como nos han querido hacer ver los innumerables textos que se han redactado al respecto.
No será más práctico, ¿tal vez?, y, solo tal vez, plantearnos que ese contenido de vida, fuera la Verdad misma de la raza humana. La cohesión de las verdades sobre nuestros orígenes, que nos planteamos los individuos alguna vez en nuestra vida. Un planteamiento que a veces, tenemos a bien aflorar hacia los demás, y la mas, nos callamos, la silenciamos y la encerramos en lo más profundo de nuestro ser, por miedo a que las respuestas que encontremos nos desestabilicen.
¡La Verdad, nos da miedo! Seguiremos, practicando esa búsqueda ficticia que nos asegure las respuestas que queremos encontrar, asimilar y, en algunos casos comprender.
Saber la Verdad sobre el cáliz, no nos hará más libre, ni más humanos. Poco a poco, estamos conociendo la Verdad del Universo. A cada paso que comprendemos esa verdad, mas dudamos de que realmente queramos comprender la nuestra propia. En la inmensidad del océano, un individuo a la deriva no piensa en la proporción del mismo, sino en la probabilidad de ser encontrado por otros. Cuando comprende su leve importancia llora, tiembla, y duda.

