LA seño Diana
José Antonio Córdoba.-Así es como mi hija se identifica en su clase. Una clase, que ella monta en nuestro salón poniéndolo manga por hombro y, donde queda patente, que entre, los dos sofás, las seis sillas, más alguna que saca de otro lado, organiza su aula. Un aula en la que no existe absentismo escolar, pues todos los muñecos/as de los más variados tamaños están matriculados/as, creo que incluso algún que otro peluche no ha escapado de esta implacable maestra de cinco años. Al principio casi que no le echaba cuenta, pero con los días uno presta oído a sus ratos de juegos y comprueba, como todo su afán es imitar a su maestra Diana. Copia sus modos, gestos, comentarios, además de poner a los alumnos tan firmes como si estuvieran haciendo la instrucción en un cuartel. Pero también tienen su rato de descanso en el que les pone un Cd de música para que se relajen.
Mi hija y sus compañeros de clase en el Colegio Princesa Sofía, llevan padeciendo por casi dos cursos la suplencia de su Tutora. Pero puedo afirmar que nunca ha sido niña de imitar a las distintas profesoras que le han impartido clase, hasta que en este curso llego Diana.
No suelo ser persona de inmiscuirme en asuntos docentes, pero en cuanto se refiere a la educación de mis hijos no soy condescendiente. Este año toca que mi hija deje preescolar y pase a primaria. Pero es ahora cuando se van a encontrar tanto ella como sus compañeros y compañeras con una barrera psicológica y moral, provocada por un nuevo cambio de tutora en pleno trimestre. Un trimestre como todos sabemos básico, y el que define el rumbo del curso. Un rumbo, que por otro lado, se les está oscureciendo a varios padres, cuando están siendo informados que sus hijos/as puedan repetir curso. Algo que considero del todo contraproducente para una criatura de cinco años.
Debemos de ser lo suficientemente consecuentes con la educación de nuestros hijos y defender ante todo, su bienestar y educación por encima de prejuicios personales o conveniencias de pertinentes bajas. A las que tienen derecho los docentes y respeto, pero que no apoyo cuando está en riesgo la integridad moral de un alumno, y menos si es mi hijo/a, y si para colmo solo tiene cinco años.

