La mutación religiosa.

José Antonio Córdoba
Resulta evidente que ante la gran pantomima (fiestas religio-sas) que vive nuestra sociedad y de la que se surten todos…
José Antonio Córdoba.- …se sigan cuestionando infinidad de temas que por repetitivos podemos llegar a aborrecer, tanto creyentes como ateos.
Estos días he tenido la oportunidad seguir un coloquio televisivo en Costa Noroeste, donde los integrantes eran jóvenes. Como establecen los cánones, se contaba con presentador y varios tertulianos, en este caso, dos. Para la defensa de ateísmo una chica, para la defensa de catolicismo un chico.
Debo de reconocer que a esa edad, de 16 a 17años, muchos jóvenes se planteen sus creencias y convicciones es importantísima, para romper la lamentable indiferencia social que predomina en este pueblo.

Me gustaría que hubiese sido un debate más igualado en conocimientos y conceptos por parte de los/as tertulianos/as.
Aunque el tema escogido era la opinión de estos jóvenes sobre las JMJ2011, el trasfondo religioso era bien palpable en el ambiente del coloquio. Debo de reconocer humildemente que la chica, poseía una fuerza y convencimiento sobre su ateísmo, que desbancaba a cada instante a nuestro defensor. Dejando claro, su falta de convicción y defensa de la fe cristina. Para los que enarbolamos nuestra creencia en la Fe, no debemos de dudar a la hora de rebatir cualquier idea o concepto.
 
Aunque la juventud no alcanza a definir sus bases morales, al encontrarse muy influenciados por el mundo que nos rodea. Si es cierto, que existen unas betas juveniles que han madurado y tienen claro sus objetivos y creencias. Llámense ateos o cristianos.
 
El patente cambio que estamos sufriendo y al que el catolicismo no quiere adaptarse, no hace más que dejar, en entre dicho, la creencia de millones de feligreses. Siempre estamos obligados a declarar nuestra condición religiosa o atea ante nuestro entorno.
 
Pienso que la tolerancia y respeto que se pide por ambos sectores, sólo será alcanzable cuando la sociedad no nos obligue a etiquetarnos, tal como lo venimos haciendo ahora.
 
 
 

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