Juan de la cruz

José Antonio Córdoba
Un 24 de noviembre
José Antonio Córdoba.-Fecha para un santo varón. Según se narra, este buen hombre avilés, concretamente de la localidad de Fontiveros, fue hijo de una noble familia, que con el tiempo se vino a menos. Se crió sin padre y, viviendo con su siempre desfallecida madre, de tanto hilar e hilar.
Esta madre  tan castigada por la desdicha y cansada por el esfuerzo de sacar la casa adelante, puso las esperanzas en ese hijo mayor, que se convertiría en una ayuda para la casa, un oasis en el desierto, para tan curtida mujer. Pero el camino de la vida tiene muchos recovecos que ocultan sorpresas, y ese fue el caso de este joven avilés.  Este muchacho pese a no ser de su agrado el ayudar en el telar a su madre, ponía toda la buena voluntad de la que era capaz, pero el desdichado zagal no había sido dotado de habilidad para esa labor.

Su madre, buscando y pensando en oficio para el joven, tuvo a bien colocarlo de aprendiz de carpintero, y si que aprendió, a desmontar todo lo que caía en sus manos, con la clara consecuencia de acabar de patitas en la calle.

La madre, no desanimada, se puso nuevamente a buscar oficio útil para su sospechosamente poco habilidoso hijo. Esta vez lo encaminó hacia un taller de escultura, pero el joven haciendo alarde involuntario de destreza, bloque de piedra que caía en sus manos, bloque que desmenuzaba.
Pero cuando más desesperaba la madre al observar las pocas cualidades de su amado hijo, los designios del Señor, llevaron al joven muchacho a trabajar de enfermero en un nuevo hospital, para pobres, de reciente fundación.
 
Al poco de iniciarse en este nuevo oficio, se vislumbró la verdadera vocación del joven. El hilaría con el hilo más fino, la tela que cobijo daría al corazón del enfermo; el curaría las heridas, como las manos del carpintero acarician la madera al labrarla; de la almas rotas haría fina figura, como de la piedra bruta el escultor saca la escultura. Por lo que el benefactor del hospital vio bien pagarle al mozo lo que el más deseaba, estudiar. El joven estudio para sacerdote. Aunque no llegó nunca a ser el capellán del hospital.
Devoto de María, nuestro muchacho pasó a formar parte de la orden de los Carmelitas, pues durante sus años de estudio sintió gran atracción por la vida conventual. Fue en esta nueva vida, donde lo que empezara haciendo con los enfermos lo hiciera con el mismo, para completar ese camino que más tarde lo convertiría en Santo.
 
Al ingresar en la orden, se le dio un nuevo nombre y desde entonces aquel muchacho torpón, pasaría a ser Juan de la Cruz.
Desde aquel momento encaminó sus pasos a renovar la orden, una ardua y penosa labor, que sacó adelante no sin pocos sacrificios y sufrimientos.
Aquél joven que no supo con sus manos hilar, trabajar la madera o esculpir la piedra, se convirtió en uno de los más grandes hacedores de la poesía mística..

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