Cartas de una sombra. El día en el cual un ángel…

Articulos, Cultura, José Antonio Córdoba

José Antonio Córdoba Fernández.- Hace tiempo un ángel sobrevoló las llamas en las que me consumo, pero después de intentar acercarse, prosiguió su viaje…

            El mantener tu existencia en el Infierno, conlleva sentir como las alas de tu alma se consumen, sin poder evitarlo.

            Y así, sintiendo el crepitar consumir de mis alas, un día, volvió a aparecer aquel ángel, era lo más hermoso que había visto últimamente cerca de las llamas que me consumían. Apenas presté atención a su presencia, hasta que pude ver que las llamas a su alrededor ni se apagaban, y lo más sorprendente, no la prendían. Era como si mis llamas fueran una suave brisa que la acariciara.

─ ¿Por qué te  consumes en este impío rincón! ─Fueron sus palabras.

            Simplemente me limité a mirarla en silencio. ¡Levántate!, fueron sus siguientes palabras, en un tono imperativo. Pero, no obedecí.

            Entonces se dio cuenta de que las cenizas de mis alas me habían anclado al suelo, como si fuera una piedra viviente en aquel lugar.

            Me contempló durante un largo tiempo, segundos en este lugar, horas, semanas, meses en el mundo de los mortales. Tras lo cual, recogió sus sobre ella misma, y sus pies descalzos se posaron sobre aquel árido y ardiente suelo. Con cada paso, su huella enfriaba la arena, las piedras ardientes, de vivos colores anaranjados, rápidamente se tornaban frías, grises.

            Se colocó frente a mí, pero no alcé la vista, seguía perplejo contemplando aquel milagro, ver como mi infierno se apagaba a su paso. Durante años, nadie estuvo tan cerca, quien se acercaba se consumía por mis llamas o, simplemente, se alejaban.

─ ¡Recuerda quien eres! ─Volvió a usar aquel tono imperativo.

─ ¡Álzate! Pues tus alas se forjaron con el fuego, pero no de este sombrío lugar.

            Yo seguía sin hacerle caso.

            Guardó silencio nuevamente, pero en esta ocasión miraba a su alrededor, como si buscara algo. Entonces retrocedió algunos pasos, y se arrodilló frente a mí.

─ No he venido hasta aquí para apagar este infierno en el que te consumes, pues eso depende de ti, pero es importante que entiendas para que estoy aquí. ─Se volvió a incorporar.

            Entonces desplegó sus alas, y las batió una sola vez, ¡una sola vez! y las llamas a mi alrededor se apagaron. Después, se acercó y me tomó de las manos, y mis alas, dejaron de consumirse. Se giró, y me dijo, mientras se alejaba.

─ ¡Ven! ¡Sígueme! Y, volemos juntos…

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