Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Polvo de piedra. No es una errata, es en lo que nuestros hijos o nietos se convertirán según las últimas afirmaciones del eminente científico Stephen Hawking.
Con toda probabilidad como ocurre en todo, emigrarán de este planeta los de bolsillos abultados, jugosas cuentas bancarias y demás especímenes selectos. Los demás, a ver como estos individuos desde la ventanilla de su nave espacial nos brindan, uno y grande, corte de manga.
Nos hemos parado a pensar alguna vez en esa imagen que nos han brindado algunas pelis de ciencia “ficción”, sobre la emigración de la raza humana por el espacio. De verdad podemos pensar ante la declaración de Hawking ´de ser cierta´ que el ciudadano de a pie va a tener un lugar en esos nidos idílicos “de paz y confraternidad”. ¿Realmente creemos que van a trasladar la pobreza a otros mundos. Realmente pensamos que seres de otros mundos van a permitirlo?
Mirando a nuestro alrededor pienso, yo, que soy un negado de la vida, ¿Cómo van a poder trasladar a todos los humanos a otro mundo? Pero dejemos de ser ingenuos, de creernos esos mítines propagandistas donde un Rajoy habla a la nación diciendo que vamos a sobrevivir, que todos y cada uno de los españoles vamos a ser transportados. ¿De verdad?, pero si no nos dicen la verdad en asuntos mundanos, cuanto más en una posible situación de tal envergadura.
Pienso que con el planteamiento de Hawking el ser humano está obligado a pensar en el día a día. –Escribiendo se me viene a la mente esas campañas auto propagandísticas donde se nos plantea que en pocos años la longevidad del ser humano superará los cien años– ¿Es posible alterar una evolución de miles de años y hacerla en unos cien? Realmente sería previo a esta posible marcha galáctica, un desastre terrenal, bien natural, aunque con toda probabilidad sería artificial, donde se reduzca, reduzca, reduzca la población humana lo suficiente, como para albergar alguna posibilidad. Claro está que después tenemos lo de nuestra capacidad para la destrucción, innata en nuestros genes.
En definitiva que el transportar la raza humana fuera de nuestro globito terráqueo resultaría algo utópico.
Si bien es cierto, que la ciencia espacial necesita de fechas cortas, cercanas, que permitan hacer de la investigación un algo sustancial y no algo que dista mucho de tener un fin concreto en el tiempo.
El cardumen humano queda lejos de parecerse a la majestuosidad en movimientos de un banco de peces. Hecho por el cual una extracción de la raza humana de este planeta resulta imposible. Siempre nos quedará ese sueño de que, ante las adversidades el ser humano aúna esfuerzos y el individuo pasa a convertirse en masa.
Pero ¿y si no cabemos todos? ¿Quién o quienes elegirán a los que irse? ¿Cómo será esa elección?

