Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¡No hay prisa!
José A. Córdoba.-A veces resulta difícil de explicar en estas pocas y desordenadas letras una vida complicada. De cómo ésta complicada vida produce unos efectos en la mente de un niño que sientan huella de por vida.
Duele cuando ellos te piden lo que tú nunca has tenido, llamémoslo aquí “amor”, es cuando se reacciona y se comprende lo que a ti te han negado en tu infancia, pero pese a desconocer ese amor de padres a hijos, te superas e intentas adaptarte y dejarte guiar por ellos.

Es aquí y habiendo vivido estas experiencias que, cuando te narran la historia de una familia rota por la desgracia todos esos sentimientos encontrados te embargan, te escuecen tal si te echan sal en una herida en carne viva. Así estaba el otro día cuando mi mujer me contaba los pormenores de un desenlace trágico, donde dos pequeños  podrían perfectamente cantar esa  hermosa canción “no está bien hecha la vida”. La muerte de una madre es siempre trágica, pero lo es aún más cuando nos deja tan joven, en plena flor de la vida, donde recientemente había conjugado ese milagro de la naturaleza femenina, que es el traer una nueva vida a este injusto mundo.
 

Yo, que he tenido dos madres y las dos he perdido en etapas distintas de mi vida, siento el dolor que inunda a esos pequeños y a su familia.  Siempre he escuchado decir –y lo he vivido en primera persona- “Dios ha llamado a tu madre”, es doloroso que con esta inútil frase se quiera borrar un dolor tan grande.
Escribo con el dolor de pensar en esos pequeños esta noche y las venideras no tendrán la mano de su madre arropándolos, no tendrán ese calor mágico que solo las madres saben transmitirnos, no tendrán el “Te Quiero” que una madre da entre reprimenda y consentimiento por muy mal que el niño se comporte. Pero también me duele pensar que esa madre no acunará a su hijo recién nacido, no le escuchará decir su primera palabra, su primer ¡Mamá!, no lo llevará su primer día de guardería, de cole, su primer cumpleaños, su Primera Comunión, su primer/a novio/a, etc.
 
Desde que perdí a mi segunda madre siempre he tenido una deuda pendiente con Dios, y sobre todo un humilde consejo que me hubiera gustado darle aquel  28 agosto: ¡que cambie el orden de preferencias de llamar a su presencia a los mortales!
 
Como dice una frase de la calle ¡no hay prisa! No hay prisa, por ocupar un nicho cuando se tiene una vida entera por enseñar y criar a unos hijos. No hay prisa, por arrebatar unos hijos a su madre. No hay prisa, para arrancar el amor de madre a sus hijos. Como dice la canción de Jaime Estévez, ”¿Por qué se muere una madre cuando más falta nos hace?”
 
 
 

Comparte nuestro contenido