Cartas de una sombra
Yo mujer José Antonio Córdoba.-En estos días que buceo un poco más a fondo en el mundo de la igualdad, de la violencia de género, en definitiva, en entender la dignidad de la mujer, se plantean muchas más cuestiones a resolver que aquellas dudas que se aclaran.
A veces me veo como esa/e niña/o -que se encuentra en medio de un tiroteo y se cubre con sus pequeñas manos, en la falsa creencia de que así no la/o podrán hacer daño- cuando se me enfrentan mi adoctrinamiento y mi capacidad de raciocinio. Me explico, estamos educados en un adoctrinamiento dualista, y por consiguiente todo lo que se salga de este planteamiento es rechazado y muchas veces eliminado violentamente.
Yo no me caracterizó precisamente por ser libre de estos prejuicios, pero si es verdad, que desde hace mucho y por circunstancias que han rodeado mi infancia he aprendido a cuestionarlo todo, de ahí mi gran falta de adoctrinamiento ciego a ciertas causas, la última que me ha suscitado esta controversia, la política militante del Partido Popular en esta ciudad. Hoy recuerdo a un profesor de ciencias que tenía cuando estudiaba en Ceuta, que muy a menudo nos invitaba a razonar, exponiéndonos: “Córdoba, si todos los de aquí saltamos por la ventana, ¿usted saltaría? Ante la respuesta obvia, nos explicaba que en la vida nos encontraremos este tipo de situaciones” Desgraciadamente este es un ejemplo tan constante en nuestra vida, que ya se nos hace algo cotidiano.
Pero lo que me preocupa, es que el problema de la violencia de género nace de unas enseñanzas adoctrinadas, de las cuales la mujer forma parte, no solo como víctima, sino que es usada conscientemente como elemento adoctrinador para el hombre.
Por eso cuando escuchas hablar de políticas de igualdad, estas topan con el uso de la imagen de la mujer socialmente y políticamente.
En mi caso, relacionado actualmente con el mundo educativo, me preocupa mucho la actitud de una gran mayoría de padres (madres y padres), que dinamitan diariamente la labor que en materia de igualdad se vienen desarrollando en la educación de las nuevas generaciones, donde se procura que la/el estudiante reconozca los roles establecidos entre el hombre y la mujer, pues reconociendo estos roles y siendo conscientes de ellos, es de la única forma en que podemos ayudarlas/os a evitarlos en su quehacer diario.
¡Yo mujer!, en el mejor sentimiento que podemos sentir como hombres. Nuestro cuerpo, nuestra mente guardan esencias femeninas importantes, que no rivalizan con nuestra sexualidad. ¡Recordemos, hombres, de dónde venimos! ¡Recordemos, hombres, que la vida vas más allá de esa dualidad, mal enseñada! ¡Recordemos, que mujeres y hombres, y viceversa, somos el resultado de un producto! Donde el orden de los factores no “debe” de alterar el producto. Pero lo realmente importante es, que sin uno de los factores no hay producto.
