Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Que la mujer es trascendente en la evolución de la humanidad es patente. Pero es la historia de la Iglesia la que nos está mostrando que su enfrentamiento con la mujer le viene pasando factura desde sus inicios.
La evolución de la mujer, al igual que ocurre con la humanidad no está exenta de altibajos, pero su predominio sobre los tiempos está cada vez más clara. La historia se ha viciado, queriendo el simbolismo masculino atacar, derribar y eliminar el simbolismo femenino de su maleable recuerdo.
Aquellos hombres que han reconocido la importancia de la mujer han sido objeto de la ironía y persecución de la Iglesia. ¿Hombres adelantados a sus tiempos?, ¡no!, simplemente fueron capaces de reconocer y publicitar la visión particular sobre el simbolismo de la mujer.
Existe entre todas una mujer digna de ser la madre de las madres. Ella que supo poner en jaque a una iglesia cada vez más arcaica. En su exilio llevó consigo las enseñanzas de Cristo, creó la cuna de una nueva civilización, de una nueva cultura, de una nueva religión, de una nueva forma de vivir en comunidad.
Cuando te acercas al mundo de los templarios, te extraña pese a las especulaciones existentes y teorías baratas, que el origen de la idea, estuviese concentrada en un rincón concreto de una Europa tan inestable como la de principios del siglo XI. Por norma el estudio de la Orden te arrastra hacia Jerusalén y Tierra Santa, obviando ligeramente la importancia que ésta tenía en Europa, feudo de su verdadero origen.
Sorprende aún más que la cuna de la Orden del Temple, fuese el lugar de expansión de una corriente liberal independiente a la Iglesia, los Cátaros, o comúnmente conocidos como “los hombres buenos”, pero estos a su vez se desarrollaron sobre las huellas que dejó la única mujer que ha jaqueado los intereses de la Iglesia. Curiosamente, la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, tuvieron en sus manos la propagación del culto a esta mujer, tan venerada en una parte importante de la Europa Medieval.
María Magdalena, símbolo de la mujer, heredera de la sabiduría de Cristo, es venerada en una tierra considerada la cuna de la herejía, pero a su vez fuente de tradiciones ancestrales difíciles de recordar en el consciente humano, pero no en el subconsciente de la humanidad.
La historia de la civilización humana está repleta de símbolos que siempre han reconocido el valor de la mujer y su sabiduría, siempre afín a la del Universo.

