Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¿Nos estamos saliendo del tiesto?
José Antonio Córdoba.-Diversas culturas nos han legado sus historias y vivencias en los más diversos formatos. Es aún sorprendente que culturas distantes miles de kilómetros entre ellas nos leguen  groso modo una tradición histórica tan similar.
Es llegado a este punto cuando saltan automáticamente esas teorías que nos hablan de una intervención extraterrestre en un momento preciso de la evolución del homo. Pero también existe, otra teoría la cual expone que: “dos niños situados en dos entornos distintos evolucionarán casi en paralelo, adaptándose cada uno al entorno en el que se están criando.” Así que, ¿cabría la posibilidad de que tenga el ser humano una imaginación colectiva?, ¿puede esa imaginación haberle hecho desarrollar una historia similar en puntos tan distantes del planeta?

Bien es cierto que estamos quizás mezclando ingredientes en la historia evolutiva de nuestra especie, aun así, son muchos los interrogantes que se van abriendo a cada paso, tal como el maíz vertido en una sartén.
 

Pero debemos seguir preguntándonos y cuestionando. Ahora me viene al recuerdo y al hilo de lo expuesto anteriormente, la influencia del electromagnetismo en los seres vivos, especialmente en nuestra especie. Pensemos que es relativamente reciente cuando estamos estudiando a fondo sus efectos en el ser humano, aunque existe estudios muy antiguos, lo que nos hace especial con respecto de otras especies vivas del planeta es que, nosotros no sabemos interpretarla y menos aún, utilizarla. Llevándonos a la trascendental pregunta de: ¿Es el campo electromagnético de la Tierra un elemento activador en nuestro subconsciente?, es más, ¿está nuestro ADN vinculado genéticamente a los efectos determinados del electromag-netismo terrestre?
 
Fuera como fuere queda claro que, aunque en la Tierra somos una especie incontro-lada, simplemente somos otra especie más de un entorno controlado.
El otro día en un documental se hablaba de la posibilidad de que esa intervención celestial que catapultó al simio a lo que hoy somos, fuera un experimento, y que el resultado positivo de ese experimento hubiera sido extraído de nuestro entorno, refiriéndose al tan conocido “eslabón perdido” de la evolución del hombre. Dando a entender que no es tan perdido, sino más bien, extraído. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Somos la sustancia residual de un experimento genético universal?
 
Ahora es cuando nuestro orgullo nos impide decir, sí. Al igual que en su ignorancia nuestros antepasados negaban que el Universo pudiera tener otro centro que no fuéramos nosotros.
La verdad es que imaginar que podamos ser simples residuos en el experimento de una especie superior, no es muy alentador. Aun así, debemos de pensar que estos residuos abandonados a su suerte, están saliendo del recipiente de contención.
¿Qué pregunta se les viene a la mente con esta última apreciación?
 

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