Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Las cuatro estaciones, del Paraíso
José Antonio Córdoba.-Rincones tiene nuestro pueblo, todos ellos muestran su peculiar signatura.Tomemos por referencia uno en especial por su capacidad de adaptación a su entorno, sus gentes, sus jardines, sus fiestas y su cultura.
Cada año El Paraíso recibe a sus clientes, vestido para la ocasión. Los Reyes Magos –antes de Oriente, hoy de Andalucía- reparten  regalos, sonrisas y buenas intenciones.
Cuando ya apenas divisamos en el horizonte la silueta de los Magos, por Cái, vienen los sones de un carnaval, que cubren como la niebla nuestra localidad. Pero es en El Paraíso donde podemos encontrar a un personaje carnavalesco muy peculiar, Meneghino. Su espíritu se apodera de sus trabajadores y trabajadoras, baña las paredes de este local y sus esculturas cobran picaresca vida.

Echando a Meneghino con escobazos estamos en la puerta del jardín, cuando por la terraza procesiona la Pasión de Cristo. Palio, cirios, motivos florales adornan los rincones recordando a la passiflora; damas de mantilla se pasean por el salón interior, no pudiendo obviar el tradicional incienso. En este entorno peculiar, se alzan voces que proclaman la Pasión de Cristo y el Dolor de María en los cánones más estrictos de un buen Pregón de la Semana Santa Sanluqueña.
 

La alegría de ver al Señor Resucitado nos anima a seguir adelante, disfrutando de los quehaceres diarios. En esto estamos cuando muchos ya se calzan los botos camperos, se ciñen el cañero, y toman las monturas unos, los otros las carretas y acompañando al Simpecado, cruzan Bajo de Guía para, por las arenas del Coto llegar a la Aldea del Rocío. Mientras Sanlúcar se vacía, este rincón se engalana con apeos, cañeros, tamboriles, etc.
 
Apenas ha pisado el Simpecado las húmedas arenas en Bajo de Guía, que nos apremia  desempolvar los botos, para pisar el Real de la Feria. Es el Paraíso, donde podemos tomar la copita de manzanilla que nos da el puntito refrescante para continuar el trasiego ferial.
 
Ya el calor aprieta, la mujer y el hombre se aprestan a lucir sus cuerpos al astro rey, que aunque aquí es espléndido durante todo el año, las temperaturas no lo son tanto. Biquinis, pareos, sombrillas, pamelas y un buen tinto de verano o cervecita encontramos en este rincón que nada tiene que envidiar a Cancún.
Con el final del verano, el ciclo de las cuatro estaciones del Paraíso se repite, pero no es el principio del fin. El Paraíso, vive la cultura y el arte semana tras semana, que se suceden en un modesto rincón de su salón, actuaciones y actos dignos de visitar y disfrutar.
 
Pero ¿qué es un Paraíso sin jardín?, ¡nada! Es por ello que aquí podemos encontrar un jardín ecológico, cuidado por el personal de la cafetería,  para disfrute de la clientela y el vecindario.
 

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