Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¡Nos hemos olvidado! Nos estamos contagiando de la frialdad que despiden las máquinas, nos estamos olvidando del calor humano.
José Antonio Córdoba.-¡Exactamente!, nos hemos olvidados de nosotros mismos. Estamos olvidándonos de nuestro yo, de nuestra conexión con ese mundo extracorpóreo en el que estamos envueltos.
Cuando uno revisa casos de personas capaces de romper su lazo con el mundo físico y conectar con ese mundo especial, no queda menos que sentirnos admirados, pero a su vez preocupados. Preocupados, pues nos hacemos dependientes del cordón umbilical digital, más difícil resulta nuestra simbiosis con el entorno del que dependemos. Comparable a sacar a un pez de su elemento, el agua.

La capacidad del ser humano de contactar con el mundo extracorpóreo que le rodea está bastante documentada, o todo lo documentada que permite medir algo que no tiene medidas. Con los avances en ciencia y  tecnología se ha pretendido en gran medida convertir en mitos e inventivas los hechos recopilados a lo largos de muchos años, de casos documentados, en la mayoría de ellos por personas con acreditación. A los que no han podido desacreditar directamente les han ofrecido los medios necesarios para mostrar que el no poder medirlos y catalogarlos bastaba para desecharlos directamente.

Pero es curioso que la ciencia niegue la capacidad del ser humano de interrelacionarse con la energía que nos envuelve, y sin embargo, sean ellos los que utilicen esta capacidad de creer en la existencia de elementos y energías ocultas, que no se pueden medir, que las pruebas de que no existen, son a la vez,  pruebas irrefutables que demuestran la existencia de algo.
 
Hoy en día muchos científicos y especialistas están encontrando a millones de millones de kms de nuestro planeta, pruebas de la existencia de esa simbiosis del ser humano con lo que lo rodea. En esa carrera de buscar respuestas y vida en el Universo, se están percatando de que todo ahí fuera tiene un tiempo, una velocidad y una función, a veces varias. Pero principalmente que nada sucede aleatoriamente, pues hasta el movimiento aleatorio obedece a un orden establecido.
Entonces me pregunto ¿si el Universo se rige por un orden establecido, porqué nos empeñamos nosotros en saltárnoslo?
 
Probablemente la respuesta obedezca a la naturaleza destructiva que rige al ser humano. Asomemos la cabeza a la ventana y podremos contemplar los rastros que dejamos de esto que hablo.
El ser humano necesita de volver a entender todo aquello que lo rodea. Debe de volver a aprender que detrás de una barra de pan, puesta en la mesa existe el trabajo de muchas familias, que un producto puesto en nuestra mesa tiene historia, que su historia no comienza en la estantería del super. Convirtámonos por unas horas en un Robinson en una isla desierta y sin utensilios, como podríamos comer carne,  pescado o teniendo cebada hacernos pan. Algo por el contrario hoy en día sin dificultad para nosotros.
Nos estamos contagiando de la frialdad que despiden las máquinas, nos estamos olvidando del calor humano.

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