Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¿Es necesaria la corrupción?
José Antonio Córdoba.-Cae la tarde en estos momentos donde procedo a juntar palabras con la suerte de que lleguen a formar un texto algo legible.
Siendo de derechas me llama enormemente  la atención las campañas mediáticas sobre los últimos casos de corrupción. ¿A caso no es la corrupción un modo de generar riquezas?, conste que no estoy de acuerdo con dicha forma de hacer las cosas, pero tampoco estoy de acuerdo con esos puritanos políticos que salen a la palestra pidiéndonos a los que jamás llegaremos a ver mil euros juntos, que luchemos y pongamos fin a estas gentes que de una forma consentida manejan cifras multimillonarias de las que no nos podemos hacer una imagen mental, bueno si, recordemos el caso del chinito, que pudo llenar una carro de la compra con el esfuerzo de su “trabajo” diario.

La tecnología nos está permitiendo conocer hechos que nos ponen la piel de gallina y nos encabritan. Pero nadie se para a pensar en el trasiego mediático que se mueve a la sombra de este tipo de noticias. ¿Nos hemos parado a pensar, si es real el caso, por ejemplo, Bárcenas?, ¿quién está detrás de esos destapes?, curiosamente en la mayoría son medios de comunicación, siempre ligados a la parte contraria del contencioso.
 

Esa parte contraria que sale abriéndose las venas en público, al decir, no entender cómo se pueden hacer estas cosas. Me viene a la mente la pregunta que me hacía mi hija: Papá, un niño dice que soy la preferida…!, a lo que yo le respondí: es envidia, a lo que ella me preguntaba, que era la envidia. Le hice una exposición a razón de su edad. Ahora comprendo que la envidia es lo que hace que un partido destape las gestiones de otro. Esa envidia de no tener lo que tiene el otro. Claro está, que no faltan los que no sabiendo y teniendo la envidia acumulada de los otros dos, apoya al denunciante con la esperanza de poder, como ave de rapiña, llevarse algo de la presa. Después estamos nosotros, las moscas, que acudimos a los restos putrefactos de estas lides, por el simple hecho de poder decir, ¡yo estuve allí!
 
La historia nos muestra que no existe ningún hecho inmaculado, que todo acto de la humanidad está gestado más en la oscuridad, en las cloacas, en despachos a puerta cerrada, que a la luz pública. 
Preguntémonos si realmente queremos saber la verdad de las cosas, o preferimos seguir nadando en esa ignorancia condicionada que nos permite ostentar un estatus fantasma ante el vecino, pues en realidad lo que vemos en los medios no es más que el reflejo de nuestro hacer diario extrapolado a otra esfera.
La corrupción no es justificable, pero es obvia su existencia en una sociedad tan especulativa como lo es la humana.
 

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