Angustias

Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
En tu Pasión…
José Antonio Córdoba.-….me refugio yo mi Señor. Nunca tuve valor para sentarme delante de ti y hablarte, a pesar de que tú me hablas e imploras por mi alma.
Tu sufrir queda lejos de mi mortal entendimiento. Antonio Machado, decía que no debemos temer a la muerte, pues mientras existamos no somos muerte. ¡Y es verdad!, en eso de temer a la muerte, al dolor que ella nos deja, pues, ¿no eres tú, mi Señor, el reflejo de que la muerte alberga vida y esperanza?
Contemplamos tu Pasión y el amor que ella levanta en cada rincón de nuestras calles. Entre luces y sombras, hombres y mujeres, todos simples mortales, mecen tu dolor. Los más pequeños sueñan con ser mayores para estar ahí, bajo tu cruz, a tus pies, aunque ahora muchos aún no comprenden de tu sufrir.

Tu sufrimiento no es el solo caminar del pasionario. Tu muerte es nuestro credo diario, en los segundos que dan paso a los minutos, estos a las horas, estas a los días, estos a la semana, esta a los meses y estos a los años, debemos de agradecerte tener un referente del dolor, pues es ese duro sentimiento el que nos hace humanos, nos hace partícipes del mundo que nos rodea, enseñándonos la grandeza de la vida. Aunque hoy la vida, Señor, apenas la entendemos. No entendemos que nuestros hijos no tengan que comer, pero aún así, tus pasionarios, hermanos de tu sufrir, hijos del dolor de María, vuelven sus corazones hacia los necesitados y comparten el pan, como tú lo hicieras en la última cena.

Tú dolor invade mi vivir, duras cadenas las que debo de sostener y apenas me mantengo en pie, pues día a día se me hacen más pesadas. Con el rostro en el suelo alzo los ojos, miro lo insignificante de mi vivir y siento alivio.
 
Me cuesta entender por qué tú sufrir araña con tanta fuerza mi interior y, años llevo buscándole solución, pero solo puedo llegar a comprender que tu Pasión, no es tuya, es la nuestra, la de cada uno de los seres humanos que habitamos en esta cuna de la vida. ¡Señor!, no vivimos para morir, simplemente morimos para vivir, para entender ese milagro digno de la Naturaleza, del Universo, de Dios.
 
Estos días de cera, incienso, lágrimas y dolor, celebramos tu Pasión. En estos días me asaltan innumerables preguntas sobre que creer, que entender, pero no les encuentro respuestas, solo siento que debemos amarte según nuestra  condición, pues eres el referente para esta vida de nuestra muerte.
La vida es el sueño, del que la muerte, es su despertar. No espero entender la vida, que la muerte ya me la explicará, mientras tanto me conformaré con saber que tú eres el dueño de la delgada línea que las separa y sobre la que nosotros, ignorantes, nos mecemos.
¡Por ti mi Señor, me hice Novio de la Muerte!

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