
Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-El conocimiento antiguo
En estos días vuelve a estar de moda -nunca ha dejado de estarlo- Egipto, más concretamente, las pirámides de Guiza, donde afirman haber encontrado un complejo subterráneo que se pierde en las entrañas de la Tierra, bajo la pirámide de Kefrén.
Egipto nos ha llegado a nosotros como la cuna del simbolismo y misticismo, elementos que las corrientes esotéricas europeas se afanan en autoproclamarse descendientes directos y guardianas de dicho conocimiento.
Uno de los elementos y personajes más significativos en la corriente esotérica proveniente de Egipto son, la Tabla Esmeralda, donde se recoge los principios fundamentales de la alquimia y Hermes Trismegisto, su “autor”.
Por otro lado, a lo largo de la historia, se ha considerado a las pirámides del complejo de Guiza como centros de poder y conocimiento. Se cree que fueron diseñados con conocimientos avanzados de geometría sagrada que permiten la canalización de energía cósmica.
En el camino al conocimiento se dice que los sacerdotes egipcios realizaban rituales de iniciación tanto en el Luxor, como en Karnak, y que los iniciados eran sometidos a pruebas físicas y espirituales, cuya final era la muerte simbólica para alcanzar la “iluminación”.
No podemos olvidar el Libro de los Muertos, en cuyas páginas se recoge la guía para que el difunto se enfrente al Juicio de Osiris, donde su corazón era pesado contra la pluma de Maat (la verdad), que en síntesis representa la evolución del alma en su paso por diferentes planos de existencia.
En el Antiguo Egipto se tenía una fuerte tradición alquímica y mágica. De hecho se creía que los sacerdotes poseían el secreto de la transmutación y el control de las cósmicas.
El despertar espiritual está asociado al Ojo de Horus, que a su vez está vinculado con la glándula pineal, la cual es considerada por muchas de las corrientes esotéricas como el “tercer ojo”.
Sin embargo, el esoterismo egipcio se encuentra en una zona intermedia entre la realidad histórica y el mito moderno. Así tenemos que, muchas de las ideas esotéricas sobre Egipto son interpretaciones especulativas que las corrientes esotéricas modernas han hecho un título personal de los símbolos y creencias egipcias.
No podemos negar que los egipcios poseían una visión del mundo profundamente espiritual, pues a través de sus legados nos muestran un conocimiento avanzado sobre la vida, la muerte y la trascendencia del alma.
El conocimiento de la geometría sagrada y de la astrología de la que hacían uso los egipcios, muestra un conocimiento muy avanzado de los ciclos cósmicos.
Sin embargo…
Pese a lo citado, a fecha de hoy aún no hay pruebas irrefutables de que las pirámides fueron generadores de energía o que ocultaran conocimientos extraterrestres, como afirman muchas corrientes esotéricas modernas.
La idea de la piedra filosofal o la transmutación de metales en oro, son conceptos que se fraguaron durante la edad media, más influenciada por textos griegos y árabes, que de los propios egipcios.
¡Ah! La Atlántida, como podemos obviar, las pseudoteorías que afirman que la cultura egipcia heredó los conocimientos de la civilización mítica de Platón.
Aunque el Egipto esotérico tiene una base real en su religión, simbolismo y conocimiento astronómico, está claro que las ideas actuales que se pretenden atribuir a esta realidad, provienen de interpretaciones modernas, influenciadas por el hermetismo, la teosofía y el ocultismo del siglo XIX.
La Sabiduría Antigua era un sistema de conocimiento basado en la observación de la naturaleza y los principios filosóficos, que el misticismo moderno ha tomado y los ha reinterpretado a voluntad, mezclándolos con nuevas ideas sobre la conciencia y la energía.