Cartas de una sombra
A Luisa, que hoy descansa felizmente a la Diestra de Dios Padre, quien fuera mi madre adoptiva, a ella, pues ¿qué decirle?, que no sepa desde ese bonito rincón del cielo. Bueno si, eras la mejor lanzando la zapatilla, pero aún con tu genio, te hacías querer.
A Teresa, una mujer que me ha sorprendido como persona y madre. Ella, que trajo a este mundo tres hijos que les fueron arrebatado, fue este que suscribe, el mayor de aquellos, quien un día y no sin pocas dificultades la localicé. Ella es especial, pero aun así, tras quince años sin verme, y en un grupo de personas supo reconocerme. Conste que nadie de la reunión le dijo quién era yo. Pero durante un almuerzo, ella estaba sentada frente a mí, desde que me hube sentado a la mesa, ella no paraba de mirarme, había un brillo en sus ojos. Durante la comida, le pregunté si me conocía, si sabía quién era yo, su respuesta no fue tanto, como lo rotundo de la misma: ¡mi hijo Toño! Su rostro parecía iluminado y el brillo de sus ojos, bueno a la fecha no se me ha olvidado el momento. Como tampoco, que aquel momento que yo vaticinaba como el fin de una búsqueda, era el preámbulo de un nuevo camino, en el cual aún me hallo y hecho bajo promesa.
Por eso, quiero aprovechar para que recordemos que somos hijas e hijos, todos los días del año, y que nuestra madre, son el mayor de los tesoros que podamos tener, pero que tiene una fecha de caducidad, y el llorarla cuando no está no nos hará mejores hijas o hijos.
De la misma manera, tenemos que ser conscientes, que deberíamos de tener varias vidas para poder devolverle a nuestra madre lo que ella hace por uno, y aun así, creo que no lo lograríamos.
Una madre es el mayor logro de la Naturaleza del Universo, no seamos tan hipócritas de estropearlo nosotras/os.
¡¡Feliz Día Mamás!!

