Cartas de una sombra
Amigas/os, se va por morbo, para después tener hasta la próxima cena de Navidad, motivos de recriminación hacia la madre o padre de…, mira tu hermana/o, ¿de tu “cuña/o” que me dices…?, tú tía/o mira lo que me ha dicho, ¡si lo sé no voy!, -¡mentira, que si lo sabes y aun así vas!-, y si nos falta alguno de los recursos expuestos, siempre nos quedará: ¡hay que ver lo que le ha dicho tu sobrina/o a la niña/o!. Y si ella/él pasa del asunto –como un servidor-, siempre quedará el que te la lie a ti, por no haber estado pendiente y haber intervenido.
¿La Hipocresía, es nueva en las mesas navideñas del s XXI?, me temo que no. Siempre ha existido y existirá, pero por el ego de pertenecer a un grupo familiar o de amigos, cerramos los ojos y llegamos a un punto en el que se convierte en pura rutina que no se aprecia a simple vista.
Por eso, cuando esta persona me comentaba su situación, y me refería la hipocresía que estaba viendo, le dije que no se asustara, el ser humano es así. ¿Por qué?, me preguntaba ella, le referí algo parecido a lo expuesto más arriba. Indicándole que si lo había apreciado a esta etapa de su madurez y juventud: “es porque eres especial, tus ojos son capaces de observar y tu mente capaz de reflexionar sobre lo que los demás ya asumen”.
Llegaran los que a estas letras dirán que no todas las mesas son iguales, ¡y es verdad!, pero ¿a qué todas las mesas tienen un soporte?, pues esto de la hipocresía es lo mismo. En todas las mesas la hay. Tenga la mesa una, tres, cuatro, ocho patas. Sea la mesa redonda, ovalada, cuadrada, rectangular, etc.
Quien diga, “en mi mesa no hay hipocresía”, será una/o de estos que ya la han asumido, o como un servidor, que carece de mesa a la que sentarse. Quien la ve y la permite, es porque en su juventud, la madurez está evolucionando, o como un servidor que la juventud deja atrás y la madurez aún no ha acabado su proceso, solo se sienta en la mesa en la que su compañía es grata y bien recibida, que para hipocresías, ya las llevan los demás.
