Cartas de una sombra
De como se hicieron con el control del Templo de Salomón, es algo tan increíble, que roza lo ilógico.
Siempre he mantenido que el dato de los nueves caballeros, es un dato simbólico. Un símbolo para esas mentes necesitadas de santos milagros, de héroes, en definitiva de esperanzas. Aunque desconozco hasta la fecha que existan documentos que recojan claramente los detalles de aquella extraña comitiva, cuento con la suficiente certeza personal de que, aquellos nueve caballeros, fueron la embajada de un contingente muy superior al que se nos viene refiriendo.
Hemos de pensar en la necesidad que tenían las gentes de aquella Europa, por combatir en Tierra Santa. Partiendo de aquí, tenemos claro que estos caballeros contaban a sus espaldas con un ejercito propio nada desdeñable, además de cuantas gentes y nobles se les fueron sumando en esta primera marcha a Jerusalén.
Para mi, esta embajada estuvo tiempo antes viajando por tierras de Asia, e incluso con la posibilidad de llegar a la cuna del conocimiento mismo de Oriente. Donde aprendieron, y se trajeron consigo saberes y sabios. Todo ello puesto sería puesto al servicio de lo que después conoceríamos como la Orden del Temple.
Desde los albores de la humanidad, la tierra al este del Mediterráneo guarda el secreto de lo que somos, y quizás de lo que podamos llegar a ser. Y esto se mantiene en el conocimiento Universal del que se surte nuestro conocimiento colectivo.
Es esta incógnita colectiva, lo que provoca que Tierra Santa y sus alrededores estén sumergidos en continuas batallas, desde que tenemos memoria. Guarda esa franja de tierra un misterio tan amplio y a la vez tan oculto a simple vista, que solo alcanzamos a ver como motivo de las guerras del oriente el factor económico.
No dejamos de afirmar que la religión fue el motivo bajo el cual se camufló el poder económico para lanzar las Cruzadas. Pero quizás el planteamiento a primera vista lógico, no deje de estar equivocado…
José Antonio Córdoba Fernández

