Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Un título nada desdeñable para el peculiar tema de “los niños robados”.Desde que habitamos el vientre de nuestra madre, estamos predestinados a seguir unas pautas en nuestra vida. Al margen de estas pautas disfrutamos de un margen amplio de movimientos, pensamientos y decisiones que marcarán nuestra vida.
Los motivos que pueden llevar a una madre a ofrecer a su hijo o hija en adopción son muchos y muy variados, y en la mayoría de los casos deberíamos de habitar la piel de esa madre. Pero este no es el caso que me ocupa, nuevamente vuelvo a reincidir en este tema que parece quedar ensombrecido por las noticias actuales de la crisis, recortes y robos descarados de capitales.
El robo de bebés es un tema que si debería de estar perseguido por la Ley del Menor de una manera más contundente. Hemos puesto el grito en el cielo por los restos de la Memoria Histórica. Sin embargo, pocas son las voces que se han levantado para defender estos casos. En un principio se me antoja calificarlos de crímenes, contra la integridad de la madre y del bebé. Se está trapicheando con seres humanos, aquí, en casa, en nuestra España tan vanguardista. Hay quien se ha atrevido a mencionar, que quizás sea el precio a pagar de una sociedad moderna. La vida de un inocente debería de valer algo más que los intereses propios de conocidos y extraños, en su afán de conseguir un buen coche, un pisito o chalete de lujo, o permitirse caprichitos varios a costa del sufrimiento de terceros. ¡Joder!, no sé si estoy hablando de bebés robados o de esos politicobanqueros que nos están amargando la existencia. Pero si lo miramos fríamente, el fin es el mismo, enriquecer a unos pocos gracias al sufrimiento de muchos.
Personalmente pienso que deberíamos de romper nuestro silencio a favor de esas madres, de esos/as niños/as, de sus familias, que han vivido y están viviendo en esta pesadilla de saberse inmerso en esta trama y comprobar cómo la sociedad apenas les muestra un apoyo justo y merecido.
Ya va siendo hora de cortar tantas manos mecedoras de cunas ajenas.

