Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-La espiritualidad te lleva induda-blemente a la prueba definitiva de la creencia del ser humano. Ella como buen prólogo antecede al temario importante de este libro que es la vida, antes y después. Un antes de la vida en este planeta y un después de esa vida terrenal.
Hemos hablado someramente de la espiritualidad, de la creencia y, todo ello es un fino velo sobre la verdad universal de la muerte. Una muerte que cada vez se nos presenta más relativa a nivel de fe y de ciencia. Esta última nos muestra que existen partes de nuestro cuerpo que permanecen activas cuando dejamos de vivir (pelos, uñas y otros tipos de organismo que siguen regenerándose).
Hemos hablado someramente de la espiritualidad, de la creencia y, todo ello es un fino velo sobre la verdad universal de la muerte. Una muerte que cada vez se nos presenta más relativa a nivel de fe y de ciencia. Esta última nos muestra que existen partes de nuestro cuerpo que permanecen activas cuando dejamos de vivir (pelos, uñas y otros tipos de organismo que siguen regenerándose).
La primera, nos muestra que tras la muerte existe otra vida, y tenemos que pensar que es así, sino que fin tendría nuestra vida si involuntariamente nuestra naturaleza asimilara que tras nuestro paso intermedio no existe algo más. No hablo de una reencarnación terrenal, que haberlas las hay, pero nos falta confianza en nosotros mismos para creerlo. Sino que estoy hablando de otras posibilidades que nombrarlas no puedo mientras mi mente siga unidad a esta naturaleza terrenal. Pero si que tengo ese presentimiento de que mi paso por esta vida me lleva simplemente a otra. Al igual que nuestra vida en la tierra es una sucesión de etapas, debemos de tener fe en que este ciclo se repite antes de llegar aquí y una vez que nos marchamos de aquí. De dónde venimos y a donde vamos es algo que ignoro. Pues no recuerdo donde estuve, ni conozco donde estaré. Pero si existe un concepto que arroje un poco de luz sobre esto, es aquel que ha demostrado que nuestra humanidad actual no inventa nada nuevo, sino que simplemente recuerda. Pues ese recuerdo debe de provenir de algún lugar y debe de tener un destino, aunque este sea un sinfín. Es como pensar que nosotros existimos ahora y en este momento, pero sin reconocer a nuestros ascendentes y a nuestros futuros descendientes.

