Campaña publicitaria orquestada
José Antonio Córdoba.-Un garaje comunitario; un libro de ochocientos años, con más polvo encima que los peregrinos a Santiago. Un individuo que astutamente burla la vigilancia de la catedral y perpetra el robo de un libro catalogado como patrimonio histórico. Motivo aparente, despedido de su lugar de trabajo, era el “chispa” de la catedral. Todo agitado pero no revuelto, podría desencadenar la trama de una novela apasionante.
Pero son ápices de una historia real, de aquí, de España. No voy a entrar en detalles que todos ya conocemos.Pero si que voy a entrar en algo que me choca mucho. El dinero y los bienes inmuebles que poseía el presunto culpable y su familia. Estamos hablando de algo más de dos millones de Euros en efectivo, repartidos en las cuatro viviendas de estos individuos.
No comprendo el robo del códice en sí, por su poca trascendencia pública hasta el momento de los sucesos, pero si ya es extraño el robo como tal, lo es aún más el montaje mediático que siguió al suceso y a la resolución del mismo.
Podíamos plantearnos, bueno se está desarrolando así, que el robo obedece al despido. Podríamos caer en ese engañabobos, pero, ¿robar después de seis o siete años de producirse el despido?, ¿robar para almacenarlo en un lugar de fácil acceso?
Pero lo realmente preocupante es el montante económico que ha aparecido a raíz de los registros policiales. ¿Cómo digerir que se haya robado tal cantidad de efectivo sin la menor sospecha?, y ¿si había sospecha, porqué no se aplicaron las medidas preventivas oportunas?
Es hora de plantearse la posibilidad, más real que imaginaría, de que todo esto obedezca a una campaña publicitaria orquestada con fines puramente lucrativos. O que existan intereses aún más enrevesados en dar a conocer parte de la importancia del Patrimonio Histórico allí concentrado. Y el dinero, ¿qué pinta en esta trama?, ¿en qué situación deja a la Iglesia que se haga público el manejo incontrolado de este capital “reconocido”?
Tengo claro que este suceso sobrepasa las fronteras de la propia Santiago.

