Renunciar a tus raíces

José Antonio Bustamante
Renunciar a tus raíces
José Antonio Bustamante.-Conocer y respetar tus orígenes, saber de dónde vienes, es a veces más importante que saber hacia dónde vas, porque tu futuro estará en gran parte marcado por tu pasado. Renunciar a tus raíces e incluso renegar de ellas, equivale a repudiarte a ti mismo. “Los de colorao son los nuestros”, se desgañitaba Carlos Bilardo cuando entrenaba al Sevilla, viendo cómo el masajista atendía a un jugador contrario en vez de ocuparse de Maradona. Nunca viene mal que alguien te recuerde quién eres y aún mejor si ponemos el verbo en pasado. Recordar quién eras, de quién te rodeabas y qué pensabas es el mejor remedio para bajarte de la nube y zambullirte en la realidad.


Los políticos suelen tener una extraña habilidad para caer en el travestismo político y, una vez alcanzado el ansiado puesto, hacer todo lo contrario de lo que venían pregonando, ignorando por completo el camino que han seguido hasta llegar a la cima y, por tanto, desoyendo a los que le apoyaron en sus inicios. En Francia hemos tenido esta semana un ejemplo perfecto del político que llega a la cúspide gracias a un programa y unas promesas electorales abiertamente de izquierdas. Un presidente aupado al Elíseo por votantes socialistas que, cansados de 17 años de gobiernos de centro derecha, le otorgaron una clara victoria. Pero también un mandatario que gira 180 grados una vez investido y, siguiendo los dictámenes de Bruselas, traiciona a su electorado y a su propia conciencia practicando una política que bien podría haber firmado el perdedor Sarkozy.
 
El socialismo francés, al igual que pasa con el español, está sufriendo una travesía por el desierto sin encontrar su rumbo. La socialdemocracia europea en general está sufriendo una clara crisis, cosa que nadie duda, pero esta crisis es sobre todo de identidad y de fe en sus propias posibilidades. Han renunciado a sus raíces y olvidado que “los coloraos son los nuestros”. El socialismo, sencillamente, solo está presente en sus siglas. Hollande, después del duro varapalo sufrido hace unos días en las elecciones municipales francesas en las que perdió 151 ciudades mientras el centro derecha ganaba 142 y la extrema derecha conquistaba once, tenía una ocasión magnífica para enderezar el rumbo. Una oportunidad óptima para escuchar y reconquistar a los suyos, a los que le dieron la victoria hace tan solo dos años, y volver a la senda prometida. Lejos de eso, en un intento por hacerse con votos provenientes del centro derecha, ha movido ficha colocando como primer ministro a Valls. Un político valorado entre los conservadores y considerado el menos socialista de los socialistas.
 
Jamás entenderé el eterno complejo que sufren tanto votantes como mandatarios socialistas y que contrasta con el orgullo y fidelidad que desde la derecha muestran hacia sus filas. Buena muestra de ello es que un sondeo publicado el miércoles 2 de marzo mostraba que el PP ganaría las próximas elecciones europeas, ¡sin haber presentado candidato! “El PSOE solo se recompondrá cuando demuestre valentía” decía Eduardo Madina tan solo un día después. Y tiene razón. Valentía para volver a ser lo que nunca debieron dejar de ser. Valentía para sacudirse de encima sus complejos.
 
Hollande jamás volverá a ganar unas elecciones; ni él, ni nadie que renuncie a sus raíces y menosprecie a los suyos.
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