Me dicen que:

Hilario Hernández
Cuando, en una sociedad, se implanta una opinión generalizada, en este caso, sobre el “status” del funcionario, me resulta difícil pensar que sea resultado de un proceso de sinergia o comensalismo..
H.Hernandez.-La ruta del parado, provoca una degradación psicológica, tras día a día de recorrerla, a veces cual autómata, obviando por reiterativo, la presencia de objetos y personas, deseando a la vez que caminas que llegue la hora, del dispendio de medio día que cada vez se hace más incierto.

 Caras demacradas impersonales, mirada baja, recordando los momentos “felices” de cuando tu jefe, te faltaba al respeto y a la dignidad, y al fin de mes en tu nomina aparecía una cantidad que no llegaba a cuatro cifras, por la que disponían de ti, de tus licenciaturas, máster, experiencias, y entrega.
De vez en cuando, te topabas con una cara conocida, que después de revolver el álbum de fisonomías de tu mente, acertabas a encontrar dentro del apartado” trabaja en el ayuntamiento”, y que a la hora que ocurre, tiene todas las trazas de estar en la “hora del desayuno”, aunque te lo encuentras lejos, de cualquier dependencia municipal, saliendo del bar, tranquilo, dirigiéndose, parece ser, hacia el Ayuntamiento.

Tú, te dejas ir detrás de él, no sabes por qué, quizás por variar, el itinerario diario, tan manoseado y resabiado del mismo, igual que si te quedas “apomplado” mirando una mariposa, una mosca o un papel volando. Cuando ya parece que va a terminar esta excursión, el señuelo, se adentra en la plaza de abastos, y recorre parsimoniosamente, por dos veces los puestos, cuidando no meterse en alguno de los charcos de los pescaderos, que pueda manchar su gabardina impoluta, hasta que decide efectuar la compra, esta vez carne, y tras charlar amigablemente con el dependiente, pagando, eso sí, inicia la empinada Cuesta de Belén, sin necesidad de tratar de, al menos, no hacerse ostensible, y terminando en su “templo”, donde se pierde en alguna de las oficinas, donde al cabo de diez minutos, posiblemente, empiece a “rajar” del trabajo.
 

Al contarle esta aventura, a mi contertulio de hoy, funcionario y del ayuntamiento, se sonríe, y acepta “ rajar” sobre el comportamiento, de los que están alrededor reconociendo, que él mismo lo hace, que hubo veces al principio, que le resultaba incomodo, hasta que se acomodó.
 
Le recordaba, cuando “sacó” la plaza, que chocó muchas veces, con el comportamiento que hoy es normal, y que entonces tuvo problemas en su entorno, pero que ya “ viejo” con 35 años, no quiere más roces, porque cito textualmente, si te preocupas, vas a cobrar lo mismo que si no lo haces, y además lo vas a pasar mal, luego….
 
Cuando, en una sociedad, se implanta una opinión generalizada, en este caso, sobre el “status” del funcionario, me resulta difícil pensar que sea resultado de un proceso de sinergia o comensalismo, y que deriva más de un proceso cognitivo de los ciudadanos, y sobre todo de una comparación de los que no lo son, que aquellos, no hacen más que alimentarlo.
 
Sea como sea, la realidad es que deberían darse cuenta, que lo importante, dentro de la estructura de las administraciones, son los puestos que ocupan, que no hacen imprescindible a los ocupantes.
 No se sienta Ud., Sr Funcionario, maltratado y apaleado por los gobiernos, cuando le quitan pagas, salarios, etc., porque a 6 millones de españoles, le han quitado todo, y que lo han podido hacer porque no disfrutan de la posición privilegiada de Ud.
 
Por cierto, este artículo, no presenta a estas personas como no son, y el mismo parado alelado, detrás de una mariposa, de una mosca o de un papel, se mete en un charco de la plaza, se “despierta” y mientras va bajando la trascuesta, se pregunta inquieto: ¿porque la mayoría de los que se dedican a la política son funcionarios?
 

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