MISMA OBRA, MISMOS ACTORES Y MISMO GUIÓN…

Fernando Cabral Hidalgo

La izquierda española atraviesa desde hace años una crisis que ya no puede atribuirse únicamente a factores externos, a la presión mediática o al auge de la derecha. El problema es más profundo y, sobre todo, repetitivo. Da la sensación de que asistimos una y otra vez a la misma obra teatral: cambian los decorados, se renuevan algunos rostros secundarios, pero los actores principales y el guion permanecen intactos. El resultado es previsible: desconexión con la ciudadanía, desgaste interno y pérdida de credibilidad.

Uno de los rasgos más evidentes de esta dinámica es la incapacidad para la renovación real del liderazgo. La izquierda proclama constantemente la necesidad de regeneración democrática, pero en la práctica tiende a reciclar a los mismos perfiles, con las mismas estrategias y los mismos conflictos personales. Las luchas internas, más centradas en el control del aparato o, en su caso, del dominio de un mismo espacio electoral que se disputan, que en la construcción de un proyecto ilusionante, acaban ocupando el espacio que debería dedicarse a la reflexión política y a la propuesta de soluciones concretas.

A esta falta de renovación se suma un discurso anclado en el pasado. La apelación constante a viejas batallas ideológicas, a símbolos y consignas que tuvieron sentido en otro contexto histórico, hoy resulta insuficiente para responder a los problemas reales de amplias capas de la población. La precariedad laboral, el acceso a la vivienda, la crisis climática o la transformación del modelo productivo requieren enfoques nuevos, complejos y valientes. Sin embargo, el guion se repite: promesas grandilocuentes, culpables externos y una retórica que no solo no amplía la base social, sino que ni siquiera moviliza al conjunto de los convencidos.

Otro elemento clave es la fragmentación crónica. La izquierda española parece atrapada en una lógica de división permanente, donde cada matiz ideológico se traduce en una nueva sigla, una nueva plataforma o una nueva escisión. Esta atomización no solo debilita su capacidad electoral, sino que proyecta una imagen de inmadurez política. Mientras tanto, los adversarios políticos, con discursos más simples y cohesionados, logran capitalizar el cansancio de un electorado que percibe a la izquierda como un espacio de conflicto constante.

El problema no es únicamente de personas, sino de método y cultura política. Se insiste en estrategias que ya han demostrado sus límites: confrontación interna, comunicación errática y una relación ambigua con los movimientos sociales, a los que se invoca retóricamente pero rara vez se integra de forma efectiva en la toma de decisiones. La obra continúa porque nadie se atreve a reescribir el libreto.

Quizá el mayor riesgo para la izquierda española no sea perder elecciones, sino perder la capacidad de imaginar el futuro. Cuando la política se convierte en una repetición automática de gestos, discursos y alianzas, deja de ser una herramienta de transformación y pasa a ser un ritual vacío. La ciudadanía lo percibe, y responde con abstención, desafección o búsqueda de alternativas fuera del marco tradicional.

Más que ninguna de las existentes versiones de la izquierda, es IU, ahora dirigida por António Maillo, la que representa más fielmente lo anteriormente referido. De esta manera, Maillo manifiesta que la coalición Sumar esta sobrepasada, agotada y, para ello, propone construirla de nuevo pero con los mismos mimbres o un cambio de nombre a la plataforma electoral como novedad con la esperanza que esta vez IU obtenga más protagonismo dentro de la coalición. 

Todo ello, mientras no se aplica asi mismo lo que exige a sus compañeros de coalición. Exige la celebración de primarias para la elección de cargos y cabeceras electorales, pero asume ser candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía sin primarias, defenestrando al que su propia formación eligió en primarias para ser candidato y en la candidatura gaditana acepta que la encabece una cunera sin primarias, Eperanza Gómez, que reconoce sin rubor que su vinculación con la provincia gaditana es haber veraneado en Chiclana desde los 14 años. Decisión que ha creado incredulidad y gran malestar en la dirección de IU Cádiz.

Maillo, imbuido en un recalcitrante gatopardismo lampedusiano, esto es, cambiar todo para que nada cambie, pretende de forma obcecada, que una misma obra, con los mismos actores y mismo guión dé resultados diferentes. Decisión que ni la propia historia le podrá absolver.

Romper con esta dinámica exige algo más que un cambio de formato o de siglas. Requiere una revisión profunda del proyecto político, una apertura real a nuevas voces y una voluntad sincera de escuchar a una sociedad que ha cambiado más rápido que sus representantes. De lo contrario, la izquierda seguirá representando la misma obra, con los mismos actores y el mismo guion, ante un patio de butacas cada vez más vacío.

(El audio subtitulado de este artículo se publicará también en el canal de YouTube: https://youtube.com/@anoidto) 

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