¿Qué vienes,.. disfrazado de Batman?

Enrique Romero Vilaseco
El Padre Bonete
Enrique Romero Vilaseco.-En la filmografía española podemos encontrar películas temáticas sobre la vida de algún sacerdote, que ora interpretando un papel de personaje entrañable y bonachón (padre Pitillo), ora caracterizado de cura alegre y cantarín (padre Coplillas), han hecho las delicias de un público ávido de sentir la cercanía de esos hombres vestido de sotana negra, que tanto respeto nos han producido sobre todos en tiempos pretéritos. Como aquella estampa del cura subido al púlpito echando las bronca a los que asistían a misa, porque no eran sermones ni homilías sencillas y que nos invitaba a ser buenos cristianos, sino auténticos rapapolvos lanzados sobre nuestras conciencias por tantos pecados cometidos.

Esa imagen del sacerdote implacable y entronizado en una superioridad que le otorgaba sus vestimentas y su ministerio, pasó a mejor vida (eso es lo que yo pensaba), como terminaron las misas en latín y de espaldas a los fieles. Que ingenuo de mí, creer que con los nuevos tiempos y la evolución de la sociedad en todos los sentidos, el clero también había cambiado, pero no, aún queda algún espécimen pululando por la faz de la tierra, es como si nos topásemos en pleno siglo XXI con un ejemplar de mamut que ya creíamos estaba extinguido. Y así, por Sanlúcar aterrizó un buen día (mejor dicho, un mal día), un cura ataviado a la vieja usanza, con sotana negra y bonete, como aquellos curas de la postguerra que tanto solíamos ver en aquella televisión en blanco y negro, y que junto al alcalde, el guardia civil y, a veces, el médico o maestro ostentaban la representatividad de los poderes fácticos de los pueblos y aldeas de nuestra España.

 
Una España profunda y enraizada en las vetustas tradiciones de una sociedad cerrada en sus propias convicciones. Lo anteriormente expuesto queda perfectamente reflejado en aquella maravillosa serie televisiva de Crónicas de un Pueblo. Si mala suerte tiene Sanlúcar con sus políticos, no menos tiene con el clero que nos llega enviado por obra y gracia de nuestro Obispo (ese que le quita la Parroquia de la O de Chipiona a los franciscanos después de más de 30 años de pleno servicio a nuestra vecina localidad).
 
Con alguna honrosa excepción, nuestro pueblo siempre recibe lo “mejorcito” de la diócesis. Lástima que en nuestra ciudad no exista un “Padre” Patera y, por el contrario, nos mande un padre Bonete.
 
Los sanluqueños no nos merecemos soportar cierto perfil de sacerdote prepotente, déspota, con aires de dictadorzuelo y engreído (hasta tal punto que me ha hecho añorar, quien me lo iba a decir a mi, al Padre Luis Nuñez,) , que cual caballo de Atila por donde pasa no es no crezca la hierba, sino que pudre la buena semilla que ya había germinado o estaba en vías de hacerlo. Lo peor de estos personajes es que se rodean de adláteres, aduladores y correveidiles de turno, que mal informan y aconsejan a su superior eclesiástico contando una sarta de mentiras y falsedades, por aquello de que calumnia que algo queda. Y así, con mentiras y trolas va el padre Bonete lanzando por los corrillos “cofrades” o, quizás, por los mentideros barrioalteños (normalmente empinando el codo sobre las barras de los bares), acusaciones como la siguiente: “Ese tal Vilaseco, sí ese al que han echado de todos los partidos políticos de Sanlúcar…” Lógicamente el tal Vilaseco, es decir, un servidor, no puede quedarse quieto y tiene que salir al paso para aclarar al despistado e ignorante padre Bonete, la verdad sobre mi vida política.
En primer lugar quiero decirle, que jamás he pertenecido ni he estado afiliado a estos partidos que enumero a continuación: PP, PSOE, IU, PA, CIS, PSA, y todos los que se le vengan a la cabeza. Y le reto a que vaya usted a las sedes de los mismos y pregunten y pidan mi ficha de afiliación. Una vez dicho esto, para su información le diré que efectivamente he sido fundador de un partido (TPS), en el cual aún milito y ostento un cargo de representación. Por cierto, que me siento orgulloso de haber sido fundador de un partido y mira por donde, paradojas de la vida, no me ha dado por fundar una hermandad, ahora que se ha abierto la veda y aquí ya funda hermandades hasta el Tato.
 
Una vez aclarada mi trayectoria política y como observo que se rodea usted de muy malos informadores y asesores, le voy a sugerir una cosa y es que no crea todo lo que le digan de mí, porque por esa regla de tres, yo también puedo creerme todo lo que cuentan de usted, y lo cierto es que yo no doy crédito ninguno a lo que la gente rumorea de su persona.
 
No me puedo creer que un sacerdote de su importancia, con tantos títulos y responsabilidades eclesiásticas a sus espaldas, pueda ser causante, por ejemplo, de aparecer una noche, con grandes signos embriaguez, por el hospital Virgen del Camino a altas horas de la madrugadas gritando y despertando a los enfermos.
 
Como tampoco puedo creer que todo un Delegado Episcopal de Hermandades o Asistente Eclesiástico, monte el mingo (como decimos en Sanlúcar) en un autobús camino del Rocío con frases y comentarios que por respeto a lo que representa, que no a usted, omito reproducir.
 
Tampoco puedo creerme que en la Aldea Almonteña usted fuera manteado como si fuera un entrenador de fútbol que acabara de ganar una liga; es más, hasta pienso que con usted se ha cometido una injusticia porque algún gracioso ha pillado una foto de usted en plena efervescencia rociera, y le ha sustituido el bonete por un sombrero de paja. Hay que tener mala fe para, apoyado en el photoshop ridiculizar su sagrada imagen y hacer un montaje mezquino, mezclando su sacrosanta sotana y su inmaculado alzacuellos (símbolo que podemos comparar al anillo de los casados) con un vulgar sombrero de paja, que normalmente se utiliza para las tareas más mundanas. Y la lista de rumores, episodios “célebres” y acontecimientos que se le atribuyen es mucho más larga, pero tampoco es mi intención hacer sangre ni hurgar más en la herida.
Para terminar quiero dejarle aquí una cita o frase, que como buen cura usted seguro que conoce: “Necesitamos santos sin velo, ni sotana. Necesitamos santos con jeans y zapatillas”
Así que cuelgue ya usted la sotana negra y el bonete, y así no tendrá que oír de  su propio Obispo ese comentario que pulula por ahí (al que yo tampoco doy crédito) que en cierta ocasión al verlo llegar vestido con los ropajes que tanto le gusta, le dijo: “¿Que vienes disfrazado de Batman?”
 

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