Un camino alternativo al del capitalismo.

Eduardo Dominguez Lobato-Rubio
La Economía del Bien Común

¿Es posible crear un sistema económico basado en el bien común? Desde el año 2008, Christian Felber y varios empresarios han ido desarrollando una propuesta sobre la creación de un camino alternativo al del capitalismo.
Un sistema ajeno a los vicios del capital, en el que se promueve el estado del bienestar como un fundamento básico, necesitaría de un control y de una intervención gubernamental muy importante para revertir la inercia actual, lo cual podría ser realmente contraproducente.
¿Qué es la economía del bien común?
Estamos ante una idea muy atractiva desde el punto de vista filosófico y es imposible no estar de acuerdo con algunos de los planteamientos expresados para defenderla, aunque según reflexionamos sobre su aplicación real nos vamos sumiendo en las tinieblas de la incertidumbre.


La economía del bien común se construye sobre los valores positivos que definen a las relaciones humanas, como la cooperación, la sostenibilidad ecológica, la confianza, el aprecio y la solidaridad. Para ello, se propone mover el interés de las empresas e individuos desde el beneficio económico, hasta el beneficio social.
 
Con ello, se definiría el capital como un medio y no como un fin, ya que sería la forma de lograr el beneficio común. De esta manera, el balance financiero de las organizaciones pasaría a un segundo plano, anteponiéndose el balance del bien común como vara de medir el rendimiento de las empresas.
Con este método, y teniendo en cuenta el aumento de costes que se derivan de las actividades socialmente responsables, aquellas que produjeran productos éticos serían recompensadas con incentivos fiscales y legales que les permitieran ofrecer precios menores: impuestos reducidos, prioridad en las compras públicas, acceso a créditos con interés reducido, etc…
 
Asumiendo el nuevo papel del balance financiero y el objetivo marcado por este sistema, solo se permitiría la aplicación de beneficios en inversiones que aumenten el bien común. Todo esto sería imposible sin acompañarlo de cambios a nivel político, por lo que en uno de los puntos se describe una democracia más participativa.
 
Además, este sistema viene acompañado de una limitación de la renta máxima a 20 veces la renta mínima,limitando el derecho hereditario a medio millón de euros por persona (siendo el resto considerado “dote democrática”) y estipulando que la propiedad privada no puede exceder 10 millones de euros. El autor asegura que estas medidas tratarían de lograr el reparto equitativo del capital para aumentar la igualdad de oportunidades.
 
¿Utopía o posibilidad real?
 
El método puede ser descrito como utópico porque no contempla los fundamentos “negativos” que caracterizan a la sociedad y a sus individuos, como el egoísmo, la lucha de poder, el autoconcepto, la autorealización y todo lo que hace referencia al individuo. Al menos podemos decir que se centra en algunos idealismos.
La economía del bien común dibuja a un ser humano eminentemente social, pero en el mundo real esto solo se aplica de forma natural en sociedades pequeñas, ya que a grandes escalas el individuo se siente menos participe del conjunto y quiere definirse de forma diferenciada. En otras palabras, los principios de solidaridad son más difíciles de entender por las personas según nos alejamos de su círculo cercano.
Esto puede que sea un producto del sistema capitalista o de nuestra naturaleza, pero cambiar esta realidad de forma tan abrupta chocaría con la mentalidad de un gran número de personas y colectivos, por lo que paradójicamente podría producir una gran conflictividad social.
 
Una participación basada en las mayorías como la que se define en la propuesta, podría resultar curiosamentedañina para las minorías y para los derechos y libertades, aunque estos se fundamenten en una democracia real. Podría traducirse en un “absolutismo democrático” y en un intervencionismo realmente fuerte sobre las empresas y los ciudadanos.
 
Hablamos de una economía basada en ideales, y yo no podría criticar los ideales cuando tratan de luchar por un mundo más justo, aunque en este caso debo decir que su aplicación real podría traer algunos riesgos peores que los causados por el propio capitalismo, comenzando por la lucha contra un sistema profundamente implantado y en la necesidad de que el mismo se aplique de forma general para garantizar su éxito.
No podemos luchar contra la naturaleza del ser humano ni debemos auto-convencernos de que somos una especie que sabe manejarse en sociedades gigantes amparados en el pensamiento del bien común, pues aún cuando pensamos en él nos estamos imaginando el propio y el de nuestros seres queridos.
Comparte nuestro contenido