Santos inocentes
Eduardo Dguez-Lobato Rubio.-Aquí, a la vuelta de la esquina, los Santos Inocentes, esos que despiertan en todo ser humano normal sentimientos protectores. Porque la inocencia encuentra siempre defensores esforzados, envolventes, solidarios, digo la inocencia humana, que la penal, vaya usted a saber donde se fragura, quién la dice y cómo se custodia.
Parece una ley física que el inocente encuentre en el pentagrama de la vida abrigos y afectos impensables, algo así como si las hadas madrinas se confabulasen para rozarle de continuo con sus varitas mágicas.
En esta hora, no hay más que asomarse al drama estremecedor de cada telediario o editorial de prensa, pongamos por caso, para caer en la tristeza de que la inocencia desvalida es la primera en pagar los platos rotos de las ambiciones de poder, de las luchas fratricidas, del fanatismo,de la estulticia, la vanidad, la soberbia……
Pero bueno,no son estas fechas para reflexiones más o menos sombrías, sino de gozos compartidos, de azules inmaculados y de villancicos alegres en esta orilla playera de las arenas de Bajo de Guía. Lo curioso está en que pocos cantos se hicieron, pocas alusiones hubo en la literatura cantada al atroz infanticidio, dígase, caza del inocente, quizá porque en el alborozo de estas Fiestas no hay lugar para la tragedia.
Lo único que la tradición nos dejó como recuerdo fe la conocida “Inocentada”, es decir, lo chusco y festivo por pasar de puntillas sobre la intensidad del drama.
Porque la inocencia,humana y penal, resulta hoy o debiera ser tan connatural que roza lo obligatorio.
Apunto ahora a los otros, a los mayores, hambrientos de razones justas, oprimidos, maltratados de todo el mundo, hombres y mujeres de ojos atónitos que miran a su alrededor sin comprender la razón de tanta calamidad y desdicha.
Almas de niño y corazón de adulto, almohadas sufridas y pacientes de golpes y sinrazones, felices, casi angélicos sufridores de la cerrazón y la injusticia, fanáticos querubines a ras de tierra, felices sembradores de rosas entre piedras y espinos, apóstoles magníficos de la humildad y la paciencia, brindemos gozosamente por vosotros en esta Navidad depaz y buena esperanza, en estas Fiestas del Corazón.

