SanlucarSur PonienteLargo 51

Eduardo Dominguez Lobato-Rubio
SanlucarSur PonienteLargo 48  Capitulo 51… 
Eduardo Dguez-Lobato Rubio.-Y mientras se desnudaba….  
Le llegaba nítido el llanto de un niño, adormecido por las paredes y agigantado por el silencio. Un niño.
También por ahí, como en tantas y tantas cosas, le ha fallado la vida, tampoco la suerte le sopló por ese lado. Bueno, ni por ese ni por ningún otro porque a la vista estaba, luego de tantísimos bandazos y de tanto tiro en los  costillares no había salido de pobre.
Mala pata, qué culpa tenía ella. La suerte era tan resbaladiza y sinuosa que te empeñabas en buscarla por mil trochas, venga buscarla y perseguirla desde siempre y, nada, se te escurría entre los dedos como anguila en el agua. Y luego, de improviso, a la hora menos pensada, te saltaba a las manos en medio de la calle. Y si no, que lo dijeran otras,pingajos tirados a lo pobre que ni fu ni fa y, al final, terminaron recogidas con hombres cabales y hasta casadas por la Iglesia, vamos, como señoronas de verdad…

Cualquier día, sí, cualquier día Martita haría el petate y subiría al primer autobús o avión que saliera sin preguntar destino. De joven, le dijeron que en este pueblo nunca encontraría ambiente pero resultaba que ahora, de mayor, menos todavía, de forma que el único camino sería, pues ese, carretera y manta y largarse aunque fuera a campo traviesa como liebre campera.
 

Ya lo había pensado muchas veces pero, la verdad, no se decidía. No se decidía porque sospechaba que, más o menos, en todas partes cocían idénticos garbanzos, en cualquier sitio encontraría la misma implacable competencia de tanta aficionada, sí, niñatas aprendizas que estropeaban el cotarro y, encima, pasaban por decentes.
 
Por supuesto y para colmo, ella se sabía del hilo al pabilo todas las pipirigañas del pueblo,trapisondas de alcoba, manías, caprichos, resbalones, cojetadas y traspiés de unos y de otras, de modo que no le tiraran de la lengua porque si ella hablara temblarían las piedras. Pero no había cuidado. …
Ella era profesional íntegra desde el tacón al moño y no una rabanera deslenguada como muchas, de modo que sería una tumba mientras no la pinchasen. Los secretos profesionales eran secretos y, si no la apretaban demasiado, se los llevaría a la tierra y quedarían sepultados para siempre. Para siempre, para siempre, para siempre. Dormir. Señor Cautivo, Señor Cautivo, Señor Cautivo, apiádate de mí… ….
      …   ….   Martita se había dormido llorando.
 
Ahora todo estaba perdido, ni amores, ni senos abiertos, ni pechos deseados….ni labios entreabiertos…. ni manos entre sus sábanas. Ya nada tendría remedio, quizás por eso, entre sus manos recién mojadas y la melena desparramada prefiriera embarrancar su cabeza en la almohada y esperar a que las aguas ahogaran su corazón …..y su pena…..

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