Sanlúcar Poniente Largo

Eduardo Dominguez Lobato-Rubio
Capitulo 39  … SanlúcarSur  PonienteLargo
Eduardo Dominguez- Lobato Rubio…Aquí nacieron otros conquistadores, subiendo o bajando una escalera de mármol, chillando y luchando entre llantos recién nacidos .
Hoy ya nadie salva estas piedras, quedaron atadas al pasado, muertas con los muertos que por la calle pasaron. Mimetizadas por miles de situaciones adversas y decaídas.
Quizás la mar, quizás la mar haga borrar el pasado, eliminar con la última espuma las huellas de aquel pasado perdido, como hace cada rompiente en la arena de la orilla, borrar y borrar, y esperar a la siguiente sacudida, como si se vengara, siempre borrar y dar al traste con toda huella, al fin y al cabo, sin memoria todas las penas se olvidan.

Era un despacho de vinos, dentro de aquel aparente garaje, allí se acomodaban, en el fondo, seis botas de viejo roble, dos de ellas de manzanilla y otras dos de moscatel. Aromas de viejo vino, de esparto, de marinería. Quizás por eso tensó amarras en aquellos muros, amurado a babor.

Un farol, unas tijeras, cien botellas envejecidas, aperos de labranza, artes de la mar, y en el mostrador, una cara agrietada por el sol o los soles de la albariza. Dos razones para desembarcar, su esperanza y la de aquel hombre de la mar.
 
 El marino disfrutaba navegando, y ya en puerto, contando, cantando, bebiendo, trasnochando. Juan regentaba aquel despacho de vinos, manos duras y trabajadas, una caña de manzanilla y diez minutos para brindar. Juan ya no creía en las gentes, solo servía el vasito de vino y escuchaba amablemente, por educación, con cortesía, atento al visitante, oía sin ánimo de hilar pensamientos ni provocar conversación. Quedaban ya pocas gentes así, gentes de campo y playa, de albariza o albero, pero sobre todo socarronas, embebidas, retranqueadas, y en el fondo ariscas, para que más, total, se trataba simplemente de servir la copita de vino.
Aquella embarcación no tenía castillo de popa, no tenía miradores, ni una gran cubierta, aún así, resolvía emergencias y novedades como si gobernara a un navio de cien pies.
 
Rumbo=155º
longitud= N036º  46,541´
Latitud=W006º 21,235`
 
Aquella tímida jarcia  envolvía un tensión insaciable, una fiereza apenas domesticada y las regalas de la embarcación que atesoraban baños eternos de salitre y espuma, permitían ahora maniobras y derrotas acompasadas a los vericuetos de callejones y escalinatas , a veces, demasiados angostos de la ciudad……
eduardo dominguez-lobato rubio
 

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