La Calzada
Y aunque sabemos que su albero ha disfrutado de distintos apellidos, advenedizos los unos y merecidos también los otros, para mi será siempre simplemente La Calzada
Quiero decirles que estos de hoy, y los de ayer, caminantes en estos alberos de la Calzada, siempre me parecen, me parecieron, los bienpensantes de la vecindad porque seguro siguen deslastrando rutinas de sus alforjas en ese mirar hacia delante siempre, cuando delante se tiene una raya verde de pinares, flanqueada por otra azul, del cielo, y otra también medio azul, de esas aguas que vienen y van con la marea, porque delante se tiene como si dijéramos la bandera azul y verde que el viento de poniente nos despliega en este sanluqueño horizonte de cada mañana.
Y dirán algunos : – Pero La Calzada no evoluciona !!!!!
Pues mejor, mucho mejor, porque mucho sabemos ya de modernismos inconsistentes, novedades prontamente aburridas, ocurrencias ilustres corroídas por el moho de los malos tiempos, y desatinos urbanísticos envueltos en el frágil celofán del progreso….
A mí me gusta así, mi Calzada, La Calzada, esta calzada en este Sur del Sur, entre la playa y la Bodega de la Gitana, desde la Portada de la Feria hasta la Fuente, entre cinco y pico bares, cien o más árboles y moreras, emociones de colores en los arriates y los cuatro chiringuitos de la ocasión, para nuestro mayor disfrute.
Y bien coleccionamos todos cien imágenes de nuestra vida, museables todas, entre pantalones vaqueros o de domingo, músicas en tablaos ex profesos, entre conmemoraciones religiosas, festivas, costumbristas y, también, deportivas.
Y ahora, desde estos mayos de feria aún sin los calores, empieza ella a desperezarse de tantos meses dormidos y comienza a vestirse de colores, en esa plenitud y pujante recién juventud que empezará con luces de la portada y luego los farolillos de esta feria de la manzanilla que la mantendrá como recién maquillada hasta más allá de los agostos.
Calzada, mi Calzada, La Calzada, entre diez luces y cien sombras, trece poetas adormilados y mil ciudadanos apacibles. La Calzada, ya con sus casetas a cuestas y su chiquillería bulliciosa, los entoldados abiertos a los guiños de las estrellas y sentada ellasobre el goce inabarcable de su libertad añadida.
Y si escucharan ustedes, al fin, entre cante y cante, sevillana y sevillana y vino y vino, algún canto de los mares, sepan que no fue la bebida manzanillera la que pudo turbar sus mentes, sino que del más allá de la mar, desde aquellas profundidades abstrusas, desde las distancias marinas sin fondo, llega siempre la ilusión humana, pura y simple ilusión ……
La que siente cada mujer y cada hombre cuando desde aquí, junto a la mar, se ve aventurero, como dichosa, artista y pecaminosamente libre…
en Sanlúcar… en La Calzada.
