El verano oficioso
Eduardo Dguez Lobato-Rubio.-Aunque el cronológico lleve ya días de sorteos entre calores, noticias enloquecidas e incertidumbres financieras.-Siempre, siempre, cada cual cuenta la feria según le va y hoy, es el famoso día de la operación ida para la mayoría de los mortales. Sonaran clarines, a eso de las dos de la tarde, esos que deshacen los tajos, abren los ocios no remunerados, el relax soñoliento y los despertares sin relojes. Clarines de libertad razonable, desataduras prestas y el olvido, sobre todo, de ese frenesí de los teléfonos móviles.
Así que a disfrutar, a cambiar los hábitos, a reencontrar alguna charla perdida, algún amigo de aperitivo y al devenir tranquilo de todas las tardes, o al menos eso fuera lo deseable, luego, ya lo sabemos, los niños del vecino, el olor a las sardinas, del vecino, el coche mal aparcado, del vecino… no todo son sueños pausados aterrizados silenciosamente en los primeros días de agosto.
Pero no seamos trágicos, nos quedaran aventuras por vivir, seguro, a la vuelta de la esquina de este fin de semana., aparcaremos a esa Europa del progreso y del bienestar y nos refugiaremos en el chiringuito de la esquina, en el mojito, en las siluetas morenas, en los sonidos marinos, en las barcas de redes y de anzuelos.
Y en esos, en los chiringuitos, descansaremos de las velocidades, de las prisas, de las carreteras, descansaremos de nuestro ángel de la guarda que tan fatigado tenemos, por tanto trabajo a destajo, durante todo el año.
En fin , que los políticos se vayan de vacaciones, que nos descompliquen la vida, que se olviden de nosotros, por lo menos tres semanitas, que dejen sus chiquillerías para la vuelta al cole, que aparquen sus codazos para septiembre. En septiembre los examinaremos, aunque suspenderán de nuevo, entre los negros nubarrones de las cuentas autonómicas.
Nosotros a lo nuestro, a la dulce rutina de lo conocido, al veraneo planificado, al delirante mes de agosto, entre festivales de música, carreras de caballos, fiestas patronales y risas a los aires de la noche.
En fin, la canícula sigue aquí, quizá empiece ahora, entre voraces consumidores de terrazas y algún que otro incendio forestal.
Y cambiando de tercio, en estos días, al amparo de una buena copita de manzanilla no dejen de llevarse a la boca el periódico de todos los días, la lectura del libro de la mesilla de noche y esas letras y textos de aquí y de allá ,que pausada y lentamente tanto hacen para relajarnos y desintoxicarnos de lo de todos los días. Yo, particularmente, ya lo tengo decidido, una vueltacita por el fresquito de la noche y al final, un trocito de tarta al wisky de La Ibese Bornay

