El Rocío
Eduardo Dguez Lobato-Rubio.-Este fin de semana El Rocío desperdigaba por sus caminos de siembre los heraldos infalibles de otras veces. Como anunciadores del Pentecostés de todos los años, y de cualquier fin de semana del año. Y allí estaban, por los caminos, por las arenas, por cualquier calle de la aldea, con traje campero, sombrero calañés y botas enterizas de Valverde. Y allá iban, o mejor dicho venían, también mujeres con vestimenta cómoda, con su caña y su pañuelo, con el sudor en el alma y la vista puesta en una promesa, un rezo, la esperanza y una penúltima ilusión.
¡ Qué tierra nuestra esta ¡, tan andaluza, tan rociera, tan de plaza en plaza, avivando los recuerdos, encendiendo las memorias, pegando aldabonazos de música vegetal en los corazones entumecidos por tanto telediario, tanta noticia desgarradora y tanto sinvergüenza suelto.
Por eso esta romería, cada romería que vemos, no recuerda que la fe está a las puertas y que todo merece la pena, el acopio de bártulos y avíos, todo merece la pena para tomar el camino de las arenas.
Y así, surge cada feliz convocatoria, el pregón rítmico e inequívoco de la fiesta de la aldea, que es como una encantadora llamada desde la Paz almonteña, como la llamada telúrica que en algo se asemeja al susurro de los cañaverales y a la misma voz de los pinos, con ese tamboril que traduce el ritmo eterno de aquella naturaleza siempre naciente. Era, es, lisa y llanamente ese Pito Rocío, que hasta al otoño vuelve primavera y a los días de invierno pinta de los colores azules del mismo mayo.
Por eso, cuando ustedes lo oigan, por Bajo de Guía, por La Calzada, por Hinojos , La Palma o Rociana, cuenten con arte rodado de padres a hijos, con sagas inmemoriales de sabidurías heredadas, como un culto sagrado…. Porque El Rocío siempre llega en el caballo de la música.
Y luego, la playa, como hervidero de coplas, bailes y ritmos rezadores porque oración y copla vienen a ser lo mismo, siempre cogidos de la mano. Y sí, la vida cambia, evoluciona, pero sigue y el Rocío también, con otras caras, otros ropajes, otras modas, otros medios y otras apariencias, aunque pudiera decirse que las almas son las mismas, las de ayer y las de hoy, con idéntica ilusión y misma esperanza, fuera de las manecillas del reloj.
Desde La Raya hasta el Cerro del Trigo, desde el Palacio hasta el Cerro de los Ansares, todo es andar y rezar, y llorar entre emociones, y soñar, seguro, en un futuro mejor.
Eduardo Domínguez-Lobato Rubio

