Espacios públicos: Inacción, privilegios e incivismo

Editorial SD
Espacios públicos, iniciativa privada 
SD.-Las imágenes mostradas en SD ni son aleatorias, en el espacio o en el tiempo, ni obedecen, por tanto, a momentos puntuales de nuestra ciudad. Son situaciones repetidas en las citadas dimensiones, de las que nosotros, solo nosotros, los sanluqueños somos responsables, aunque más concienciación y aplicación de  las ordenanzas municipales, con más celo por parte de los responsables políticos, cambiaría la imagen de una ciudad que quiere ser referente turístico y se olvida que para conseguirlo se deben de acometer, sin mirar costes políticos,  acciones punitivas contra los ciudadanos que no quieran remar en el mismo sentido que la mayoría, que optan, siguiendo el símil marítimo, el rumbo que les marca la Ley. 
En los años 60 el señor Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, ante las manifestaciones estudiantiles afirmaba su poca preocupación con la ya sabida frase “la calle es mía”. Hoy afortunadamente la calle es de todo, aunque algunos se empeñen, por interés, despreocupación, o vandalismos, en mantener la postura del político franquista.

Los ciudadanos ven cada día reducido sus espacios públicos a favor de una pequeña parte del sector empresarial, principalmente, que hace de su capa un sayo a la hora de respetar el espacio asignado para sus mesas, sillas, terrazas, chiringuitos, expositores, cartelerías , etc.

En esta continua reducción de espacio público se compromete, que no es poco, la seguridad de los ciudadanos, en muchos del año.
La imposibilidad de atravesar una Plaza como San Roque o la de la Paz, cubiertas totalmente por mobiliario particular, y menos de acomodarse en algunos de los bancos públicos de estas Plazas, es más que evidente como lo es la imposibilidad de jugar de los  niños.
 
La angostura de algunas calles, a la que se le suma decenas de mesas, sillas y pequeños expositores de género diverso, como Amargura, Capillita o Teatro, las hacen intransitables a ciertas horas del día. Están tomadas literalmente por la iniciativa privada que se extralimitan al no corresponder lo autorizado por el consistorio con lo visto en la misma calle, como pudimos comprobar con la documentación expedida por la GMU.
 
La calle por excelencia de Sanlúcar, la calle Ancha, no está exenta de dichas extralimitaciones en el mobiliario particular, y el caminar en las cercanías de la biblioteca municipal, se nos antoja difícil con la confluencia de mobiliario de cuatro entidades hosteleras, amén de la referida cartelería publicitaria esparcida por la calle.
 
Igualmente, es denunciable la desaparición de seis bancos públicos en la principal calle de la ciudad   sin que la delegación correspondiente tenga conocimiento del paradero de estos bancos y que casualmente estaban todos ubicados en las inmediaciones de bares o tiendas. Cualquier ciudadano puede comprobar la huella de su ausencia en los orificios vacíos en los que se sujetaban al firme de la calzada.
 
Con toda seguridad, según comprobamos, uno de ellos “se perdió” por encargo de un interesado en su desaparición y presuponemos que el resto han tenido las misma suerte, porque la administración pública no se pronuncia. Principalmente los ancianos o imposibilitados  lo tienen más crudo para pillar un banco libre que alivien su caminar.
 
Lo de la Plaza Cabildo o la misma Plaza Arriba son otros dos ejemplos de lo que no debe ser un lugar público, convertido, sin ambages, en una zona particular en la que reina la tapa por encima del ciudadano, abocado a sortear el laberinto multicolor de mesas y sillas hasta llegar al lugar deseado para salir de la Plaza, no acabando las atribulaciones de los viandantes, que además tienen que sortear a la multitud manteros que ocupan el 75% del ancho de calles como Ramón y Cajal o Bolsa a la altura de la Plaza del Cabido.
Las nuevas terrazas acristaladas han aumentado el espacio ocupado, de tal manera que en algunos lugares de la Plaza del Cabildo, del ancho total, es de apenas el 20% para el libre tránsito de viandantes.
 
Actualmente prolifera la cartelería publicitaria en las aceras, farolas encochambradas, o en la vía pública peatonal para reclamar  la compra de metal precioso, perteneciente a algunos establecimientos joyeros creados ad hoc para los ciudadanos en crisis.
 
Por si fuera poco, algunos responsables políticos argumentan algunos de estos desmadres en la vía pública pronunciándose en contra de las propias ordenanzas que ellos han elaborado.
Si los banco necesitan dinero a las doce de la mañana, hora peatonal, las camionetas pueden transportarlo en un recorrido a lo largo de la calle, pero si la cafetería necesita leche debe de cumplir el horario de la ordenanza municipal que convierte nuestra calle en peatonal durante casi todo el día, privilegios aparte.
 
Además, alguna delegación responde con el silencio administrativo cuando un ciudadano solicita información sobre las presuntas irregularidades cometidas por los conductores que conducen sus camionetas por  el centro de la ciudad en horario no permitido.
 
De suma importancia para el desarrollo del comercio debe de ser la recogida de cartones pues la empresa responsable también goza del beneplácito y bendición del ayuntamiento de Sanlúcar para transitar en horario peatonal la arteria central de Sanlúcar.
 
Lo de las aceras de Sanlúcar es sencillamente de juzgado de guardia. Cientos  de coches ocupan a diario zonas aceradas de la de la ciudad  , como muestran los vídeos y fotos de Sanlúcar Digital publicados en anteriores ocasiones.
No importa la época del año, ni no son causados, los desmanes, en determinadas festividades, que no los exime de responsabilidad. Es algo continuo, como decimos al principio, en el espacio y en el tiempo.
 
Zonas como en Puerto Duquesa o Las Palmeras en la que los coches campean a su antojo en lugares peatonales y aceras, ajenos a tan disparatada acción contra la libertad de movimiento de otros ciudadanos.
 
La Calzada de la Duquesa es invadida diariamente por decenas de motocicletas que la cruzan sin el menor reparo y a la misma velocidad que en la carretera, cuando no, lo hacen por otras aceras de la ciudad hasta encontrar el rebaje que les facilite su salida a la vía pública.
 
Todos estos actos incívicos hacen de nuestra Sanlúcar un lugar inseguro para los peatones que quieren disfrutar de sus calles.
Desgraciadamente algún sanluqueño ha dejado su vida atropellado cuando paseaba por una acera y de seguir así no será el último.
 
Es habitual, igualmente, el continuo trasiego de bicicletas de niños y adultos que a velocidades impropias amenazan la integridad física de los peatones, por todas las calles peatonales de la ciudad
El equipo de gobierno se vanagloria de anunciar en los medios el increíble proceso de aceptación, por la mayoría de conductores de ciclomotores, del uso del casco, gracias a las campañas disuasorias, y no otra, emprendida por la delegación de tráfico para la salvaguarda de la vida de estos ciudadanos, pero es incongruente que no se ejerza la misma presión disuasoria hacia los que atentan contra la vida de los demás en sus conducciones temerarias por lugares no permitidos.
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La consecución de una ciudad más humana, más cercana a los ciudadanos, más atractiva para los foráneos, no es posible solo con la mejora de las infraestructuras viarias u hoteleras de la ciudad. Son necesarios comportamientos cívicos capaces de hacer que a los sanluqueños no solo nos conozcan por nuestras carreras de caballos, manzanilla o langostinos.
Zambombás y otras botellonas no autorizadas superan los niveles acústicos permitidos y cualquier comercio puede utilizar su megafonía sacando sus potentes altavoces a la calle para pregonar las excelencias de su mercancía sin el menor reparo ni impedimento municipal.De los coches discotecas y vendedores ambulantes motorizados ni hablamos.Más de lo mismo.
 
No  somos el ombligo del mundo, aunque algunos sanluqueños se empeñen en afirmarlo por doquier,  no haciendo absolutamente nada para ratificar la bravuconada, pero podríamos jactarnos de nuestro tan manido “potencial humano” si diéramos la talla en algo tan sencillo como respetar la ley y, sobre todo, que los gobernantes la hagan respetar con las medidas coercitivas y punitivas elaboradas en las ordenanzas municipales.
 
La implicación del ciudadano para conseguir unos mínimos de convivencia en el uso de las zonas peatonales tiene que pasar necesariamente con las denuncias que inciten a los políticos a tomar cartas en el asunto, porque de todos es sabido la incapacidad de estos para solucionar los problemas si no ven peligrar sus sillones con un creciente desapego, desafección o disidencia de los ciudadanos a su gestión que, además, pagamos todos y muy bien por cierto con los impuestos más altosde España, otra muestra que la ciudadanía interpreta como una mala gestión del actual equipo de gobierno de una ciudad con estertores políticos y socioeconómicos que siguen relegándola, más todavía. a la cola de las más pobres de España.

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