San Francisco
A la franciscana hermandad de Jesús Cautivo que desde su fundación se puso bajo el amparo de San Francisco de Asís.
El otoño nos ha llegado, ha entrando por las rendijas del tiempo y con él nos viene una época donde los días cada vez agonizan con más prontitud, dejando paso a la oscuridad de la noche. Atrás quedó el largo y tórrido verano con sus días festivos, ajetreados y, a veces, enloquecidos. Con la estación otoñal todo parece relajarse, como si después de una tormenta llegara la calma. Nos llega el relax, la paz y el remanso de los atardeceres espléndidos de la mar de Sanlúcar. Mientras, en las entrañas de las bodegas, va fermentando el mosto exprimido en los lagares sanluqueños.El mes otoñal de octubre, elegido por la Iglesia como el dedicado al rezo del Rosario, cuenta con otras festividades de extraordinaria devoción para el pueblo creyente español. No es mi intención en este artículo realizar un recorrido por las diferentes celebraciones que van a tener lugar en estos 31 días de octubre. De ahí que me detendré en la festividad del día 4, dedicado a conmemorar la vida de San Francisco de Asís, quizá el santo más grande de la historia de la cristiandad.
La infancia de Francisco estuvo marcada por la de un niño que vivió en un clima familiar acomodado, ya que su padre, Pedro Bernadote, fue un rico comerciante y empresario textil. Su adolescencia y juventud se desarrolló en un ambiente alegre, su posición social y económica, le permitía un nivel desahogado en el que las fiestas y celebraciones estaban a la orden del día. Su corazón magnánimo y su espíritu jovial, hacía que sus amigos lo tuvieran como un auténtico líder. Recorría las calles de Asís (donde nació) cantando, ataviado con lujosos y llamativos tarjes, piropeando a las jovencitas y haciéndoles halagos.
Pero Francisco tenía un corazón compasivo, no era un joven superficial y materialista, y así, estando tras el mostrador del negocio de su padre, Francisco inició su trato con la gente vendiendo lujosas telas. Ocurrió un día que un mendigo se le acercó y le pidió limosna “en nombre de Jesucristo”. Por un momento Francisco miró de lado y dejó que el mendigo siguiera su camino sin reparar en él. De pronto, emergió desde lo más profundo de su ser una lacerante idea: “Si el mendigo me hubiera mendigado en nombre de un personaje, seguro que se la hubiera concedido”. Sacudido por semejante sentimiento, dejó el negocio y corrió tras el mendigo… le pidió perdón y le dio una suculenta limosna. Es cuando toma la decisión de no repudiar a ningún mendigo que en nombre de Cristo le pidiera una limosna.
SERVIR AL SEÑOR
Estando Francisco descansando en Espoleto, una noche escucha en sueños una voz que le interroga sobre su destino. Allí se encuentra bajo la autoridad del Caballero Gentile y se le pregunta: ¿Qué es mejor servir al Señor o al vasallo? Responde: al Señor, naturalmente. Y prosigue la voz: ¿Por qué, entonces, abandonas al Señor y sirves al vasallo? Francisco preguntó: ¿Qué debo hacer? La voz le responde: regresa a la ciudad y te diré lo que has de hacer. Pasaron siete meses, y un día en Asís le vino una señal del cielo en plena calle. Recorría sus calles en comparsa bulliciosa con sus amigos, cuando, de repente, queda en éxtasis. Sus amigos le preguntan burlonamente, de quién se ha enamorado. Piensa él, en su interior, se trata de una dama, la más rica y fantástica que se pueda dar en la tierra. Luz amorosa del cielo que ha tocado su corazón. Íntima experiencia que a nadie puede comunicar y que se escribe en lo más hondo de su alma. Busca una Iglesia abandonada donde poder orar y meditar. La búsqueda por encontrar un elevado ideal no cesa. Francisco espera, aguarda, ora y reza al Señor. ¡Oh omnipotente y glorioso Señor, ilumina las tinieblas de mi corazón! Y es en la pequeña iglesia de San Damián, donde , el Señor, desde una cruz, le dice a Francisco: “Francisco, mira que la iglesia amenaza ruina. ¡Levántate, socórrela! Tembloroso y espantado le responde Francisco: Señor, ¡qué quieres que haga? Y recibe como respuesta esa frase que al principio Francisco no llegó a entender, o mejor dicho, entendió literalmente. Esa respuesta del Cristo de San Damián que le dijo: ¡Repara mi iglesia”
¡Francisco, repara mi iglesia!, le musita el Cristo de San Damián… Y Francisco, ante el deterioro que sufre el templo, toma a la letra las palabras del Señor. Sin embargo, no era ese el tipo de reparación que el Señor le encomendó a Francisco, sino que su mensaje era otro muy distinto. Su misión era reparar a la Iglesia en lo espiritual y no en lo material. Cuando llegó a entender el verdadero mensaje del Cristo de San Damián, Francisco pone manos a la obra y comienza una auténtica “revolución” para la Iglesia de su tiempo. Comienza su vida espiritual y de entrega para con los demás, con tanto empeño que pronto empezó a recibir adhesiones de otros hermanos que poco a poco consigue hacer crecer toda una comunidad de cristianos seguidores del mensaje evangélico de Jesús. Así empezó la obra de Francisco en aquel pequeño pueblecito de Asís. Había nacido la orden franciscana, que con el paso del tiempo se extendería por todo el orbe. Y, también con el paso del tiempo, Francisco se convertiría en el santo más grande de la historia de la cristiandad.
UN PAPA LLAMADO FRANCISCO
El pasado día 13 de marzo nos llegó la Buena Nueva: teníamos un nuevo Papa. Cuando lo vi aparecer en la televisión desde el famoso balcón del Vaticano, sentí una explosión de alegría y felicidad, que inundó mi corazón. Con una simple mirada me trasmitió la paz y el sosiego, esa paz que tanto necesita este mundo. Luego llegó el misterio y la pregunta que todo el mundo se hacía en ese momento: ¿Qué nombre habrá elegido el santo Padre para su pontificado? Pronto salí de dudas, pues el Papa Jorge Mario Bergoglio sería conocido a partir de ahora como Francisco. Pero a cual Francisco se refería el Sumo Pontífice: ¿será por Francisco Javier o Francisco de Borja, ambos jesuitas como él? En mis adentros algo me decía que no, que seguramente eligió ese nombre por Francisco de Asís, y cuando mi sospecha fue confirmada, mi gozo, como capuchino y seguidor del Seráfico Padre, fue aún mayor si cabía. Francisco de Asís, el gran santo de la historia, el hermano de todo, el auténtico hijo de la Iglesia, el que veía en todos la presencia del buen Padre Dios, el que cantó a las criaturas y a la creación, fue el elegido como modelo del Papa y su papado estará marcado inexorablemente estará marcado por el mensaje y la vida del pobre de Asís. El gran santo de la historia.
Fray José de Sanlúcar

