Incidencias Jueves Santo

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{jcomments off}Los réditos comerciales no pueden justificar el abuso de la ocupación del espacio público aunque sea mínimo y testimonial el  porcentual de poner en riesgo la seguridad de los sanluqueños
SD.-El Jueves Santo volvieron a repetirse las incidencias de tráfico en las vías del recorrido oficial de las procesiones de nuestra ciudad. Desde estas posiciones digitales siempre hemos denunciado en incivismo de algunos sanluqueñso con las normas de convivencia y las ordenanzas municipales que, sin embargo, se nos antojan de difícil cumplimiento cuando no se disponen de los recursos humanos necesarios en esta época del año para hacer cumplir estos preceptos.
Las incidencias se dieron  con vehículos circulando en el recorrido de los pasos, el libre tránsito por las calles peatonales y el cumplimiento del horario de las principales Hermandades que procesionaron ayer.
El Cautivo acumuló un retraso de una hora aproximadamente con el horario previsto ante la presidencia en Calle Ancha. La Cruz de Guía debía de pasar a las 20.35 horas pero lo hizo una hora después y aunque oficialmente desconocemos los motivos, muy poderosos o de fuerza mayor deben de ser éstos para no tener en cuenta a las miles de personas que pacientemente esperaron una hora más para ver a sus imágenes en una desapacible noche.

La lluvia, la temida lluvia, a pesar de las predicciones que indicaban escasas presencias del meteoro, hizo su aparición cuando el Silencio procesionaba por la Presidencia y si bien solo fue un calabobos, deslució el final de la noche del Jueves Santo.

 
Otra incidencia ocurrió en la Calle Ramón y Cajal cuando la gente empezó a desfilar para emprender el regreso a casa. Previamente hay que resaltar que la dificultad de movimiento, hasta llegar a la Plaza del Cabildo, se hace más penosa cuando se tienen que sortear esa pléyade de mesas y sillas de las dos principales heladerías de la ciudad.
Ya entrando en la Calle Ramón y Cajal el bloqueo fue total a la altura de un conocido bar de copas con mesas y sillas situadas a ambos lados de la calle peatonal que solo dejaba apenas un pasillo de metro y medio, aun más estrecho teniendo en cuenta que los jóvenes ocupaban, incluso, ese espacio, del que no se movían para dejar pasar a nadie.
Además del tiempo empleado, que es lo de menos,  para atravesar veinte metros, la seguridad se vio comprometida. Afortunadamente nunca ocurre nada, pero las probabilidades matemáticas siempre están ahí para convertir lo impensable en pesadilla.
 
Los réditos comerciales no pueden justificar el abuso de la ocupación del espacio público aunque sea mínimo y testimonial el  porcentual de poner en riesgo la seguridad de los sanluqueños.

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