Historia y leyenda
El nombre parece obedecer a su origen leonés. Los canónigos regulares, provenientes de León, traerían o bautizarían a la imagen con el nombre de Regla, como la de su catedral.
La ubicación del santuario en la misma desembocadura del Guadalquivir, contribuyó a propagar su devoción. Llevado por navegantes y por los mismos misioneros de la comunidad, el culto a la Virgen llegó a lugares tan alejados como: Bélgica, Cuba, Colombia, Filipinas, México, Santo Domingo Venezuela…
A la devoción popular y monacal de final del siglo XIV, fecha del acta fundacional de este monasterio, no les debió parecer suficiente, la antigüedad para esta imagen que buscaron un halo de prestigio en la leyenda. Así surgió en los cronistas conventuales del siglo XVII la hermosa leyenda del origen africano de la efigie: “la veneró San Agustín en su oratorio”. Ante la inseguridad vándala, fue traída a estas costas gaditanas por los eremitas agustinos. La imagen fue encerrada en un pozo, bajo una higuera , para evitar las profanaciones de los árabes y, hallada de modo milagroso en el siglo XIV por un canónigo regular de León. Junto al santuario se erigió, en el siglo XVI, el humilladero para reafirmar una devoción remozada por la leyenda.
La historia, siempre más sobria, sitúa el origen del santuario y de la imagen en la reconquista del Bajo Guadalquivir. A principios del XIV, el castillo que los Ponce de León poseían junto al mar, se transformó en santuario de la imagen de Regla y a la vez, en residencia de canónigos regulares hasta 1399, año en que fueron relevados por los ermitaños de San Agustín que morarán en ella hasta el año 1835, fecha de la desamortización.
Hubo un momento en que el esplendor del santuario se eclipsó con la exclaustración y desamortización. La imagen fue llevada a la parroquia y permaneció allí por espacio de diecisiete años. Nunca faltaron corazones vigilantes que custodiaron su gloria y le ofrecieron vasallaje.
Los duques de Montpensier, Dª, María Luisa Fernanda y D. Antonio, veraneaban en Sanlúcar de Barrameda, venidos de su palacio de San Telmo, en la vecina Sevilla. Cogieron gran devoción a la Morenita de Chipiona, ya que en los días de verano marchaban varias veces a visitarla con sus hijos. Entre sus hijos, quien sería Reina de España, María de las Mercedes. De su gran devoción a la Virgen, llamaría a otras de sus hijas, Regla, muriendo ésta prematuramente y sería enterrada en la antigua ermita. Gracias a la veneración de estos duques y las gestiones realizadas por estos, el 7 de septiembre de 1852, la Morenita retornó a su santuario.
Y un día llegaron a estas tierras los hijos de San Francisco. Los trajo el ardor misionero del Padre José Lerchundi, Superior de las Misiones de Marruecos. Un grupo compuesto por 24 religiosos, provenientes de Santiago de Compostela arribaron a las arenas de Regla en el año de 1882, a partir de este momento el monasterio volvió a resurgir. Aquel rosal helado volvió a florecer. De esta forma el viejo monasterio agustiniano se convirtió en Colegio Franciscano de Misioneros para Tierra Santa y Marruecos. El santuario ha vuelto a ser uno de los puntos principales en los que se centra el fervor mariano del pueblo andaluz.
A lo largo del siglo pasado, el santuario conoció momentos estelares: Un nuevo templo bendecido por el Beato Marcelo Spínola, cinco días antes de su fallecimiento. El templo fue bendecido el 14 de enero de 1906 y el Beato encontraría la muerte el 19 de enero de ese mismo año. Por su devoción a la Virgen de Regla no quiso dejar de bendecir su santuario, a pesar de lo avanzado de su enfermedad. Hay un azulejo en la puerta de la iglesia que recuerda esta efeméride, no estando de más, que el Santuario albergara un cuadro o imagen del Beato Spínola, pues pocas iglesias tienen entre sus honores, pues quien ayer, la bendijera, hoy esté en los altares. Y sobre todo, el año de 1954, con la coronación de la Virgen ante más de 70.000 fieles. Oficiaría la ceremonia el Cardenal D. Pedro Segura (tema este para otra larga crónica)
Hoy igual que siempre, desde su altar, María sigue siendo faro, guía y esperanza. En Chipiona y su región todo tiene aquí su nacimiento y logrado fin. Todo se resume y condensa a los pies de María. Desde aquí la luz rompe hacia los cuatro puntos cardinales y viste de claridad “los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo”
La Virgen de Regla nos espera desde su santuario a todo su pueblo de Chipona, de Andalucía y el mundo entero, como Madre para bendecir a todos sus hijos, y los hermanos franciscanos para dar el abrazo de PAZ y BIEN.
Fray José de Sanlúcar.
