Fray Eloy de Purchil
Fray José de Sanlúcar, o.f.m. Cap.- “A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero” El pasado 4 de enero falleció fray Eloy de Purchil. Servía a los hermanos, a los enfermos, al culto con su voto y sus cantos, siempre con ese don que le acompañó toda su vida, transmitiendo sonrisa y alegría a los ancianos, a los niños y a todos los que se acercaban a él.
Nuestro querido fray Eloy veía en todas las personas, al igual que Francisco de Asís, la presencia del Buen Padre Dios. Podríamos decir, haciendo nuestro el canto de las Criaturas: “loados sea fray Eloy por la alegría y el entusiasmo que nos transmitía”, cualidades tan escasas, y a la vez tan valoradas, en esta sociedad actual en blanco y negro. Junto a fray Eloy no había ni pena ni dolores, él sabía ocultarlas para sí. Para los hermanos sólo afloraba el cariño y el afecto.Sus ojos se cerraron a la luz de este mundo para encenderse en claridades eternamente nuevas…
Persisten aún frescas en mi memoria aquellas vivencias lejanas, siendo yo un niño, en el santuario de la Virgen de la Caridad de esta ciudad de Sanlúcar de Barrameda, cuando salíamos los sábados de clase, de la escuela de San Juan Bautista de la Salle, para volvernos a reencontrar con la Virgen Madre. Allí, junto a Ella, como un complemento mágico, estaba fray Eloy dirigiendo los cantos de los cultos de la sabatina. Era una gran alegría volvernos a ver. Nos hablaba del convento de capuchinos, del significado de las fiestas cristianas, de fray Leopoldo, aún en vida, y… cómo no, de su Granada, del Darro, del Veleta, del embrujo de sus callejuelas, de esa agua oculta que llora, o de la reina y Madre de “Graná”, la Virgen de las Angustias. Nos lo transmitía de tal forma que olíamos la flora del paseo del Darro, escuchábamos el susurro de sus aguas y el murmullo fervoroso de las oraciones de un pueblo a su Señora con su fondo blanco y frío de picos nevados.
Porque aún lo recuerdo como era… como siguió siendo, como fue siempre: un corazón muy grande de niño… puerta siempre abierta a la alegría y a la comprensión.
¡Y su risa! Nadie la podría olvidar: espontánea, oportuna, ingenua y total. Era como la canción del optimismo llevada a ritmo contagioso. Porque, cuando fray Eloy reía, era todo él el que reía…Y, tal vez, mientras distribuía a manos llenas la caricia de su alegría, el corazón guardaba para sí todo un mundo de amarguras…
Porque la suya era la misma alma andaluza, que llora cantando, que tras el humor y la risa oculta el llanto de secular opresión.
Sus días fueron como el moreno pan de pueblo, macizo y bien cocido… sabor a trigo limpio… fragancia de última hornada…
Fray Eloy era como la salud, que sólo se le aprecia en lo que vale cuando hace falta… como el sol amigo, o como el agua clara en la humilde servidumbre de cada día.
Pero fray Eloy se nos fue…
Los angelillos rubios de la Navidad apenas terminando el último aleluya, comenzaron de nuevo su cantar… ¡porque acababa de nacer en el palacio azul de la dicha el alma grande de un hombre-niño, la del buen padre Eloy!
Breve fue el desenlace de su muerte. Pero apretadas las gavillas de sus obras. Porque sembró el amor y predicó a la hermana alegría. Y ahora goza en la heredad del Padre la opulenta cosecha de sus obras.
“Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la Madrugada”
En la Jerusalén Celeste seguirá pintando esos angelitos morenos, o esas puestas de sol a través de la torre de La Vela, o de la Alhambra o el Albaicín.
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