El nacimiento de Fray Antonio

Cofrade
  Es poco lo que damos…
A Fray Antonio, quien nos abre las puertas de su convento, dejando pasar esa brisa que nos irradia desde lo más profundo de su corazón.
Fray José de Sanlúcar .– Hace muchos años estando yo en el Convento de capuchinos de Córdoba,  aún un chaval, para mí fue una gran alegría que el  Padre Guardián me encomendara la labor de acompañar al hermano Fray Genaro a montar el Nacimiento. Fue una noche completa,  mágica, ya que desde niño solía poner el Nacimiento en  mi casa, de aquella calle Trabajadero. Fue una Noche Buena, adelantada. Aquel capuchino cuando me decía que el centro del Nacimiento es el  Niño, junto a San José y la Virgen Madre, fue algo que inundó de tal manera mi corazón, que los años han pasado y aún lo recuerdo como si estuviera escuchando su pausadas y emotivas palabras en este mismo instante.


Hoy vemos escenas de la infancia de Jesús, bellísimas todas, pero se alejan del centro de la Noche Santa, el Nacimiento. Claro está, que después vendrán tantas escenas como pueda prodigar la imaginación del autor.
Para mí siempre ha tenido una gran devoción el  Niño Jesús. En mi mesa de trabajo tengo siempre presente una pequeña imagen suya, bendecida por el franciscano Fray Carlos Amigo Vallejo, cardenal de la Iglesia. Esta devoción viene desde que fui congregante  del  Niño Jesús en los Hermanos  de  la Salle. También decir, que durante el año,  suelo poner en mi celda villancicos de fondo, donde el recuerdo de la Noche Santa exalta mi ánimo.
Recuerdo que cuando tuve la gran dicha de pasar un tiempo en Tierra Santa, aquello supuso para mí  un cambio de vida, era difícil de creer que yo estuviese en la cueva del Nacimiento del Señor, meditando por aquellos campos, donde los pastores recibieron la anuncio del ángel “…os ha nacido un Salvador, que es Cristo El Señor”. Siempre guiado por los hermanos franciscanos, auténticos maestros de la tierra del Señor.
Algo que a veces se nos pasa por alto, es el mensaje que nos traen los Nacimientos. Con el paso de los años, las gentes se centran en la imagen del nacimiento, buscando deslumbrar con la belleza artística, olvidando el significado que representan cada una de las piezas que tan alegremente se distribuyen por ese espacio vacío que pronto magnificará el nacimiento del Niño Dios. En el prologo de San Juan se recoge: “Y vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” Cuantas veces pasamos de  largo de  la Eucaristía, donde Jesús nace en la misa, el mismo que nació en la primera Noche Buena de la Historia.  Así cuando pasamos del pobre, de tantos niños maltratados como se están dando en estos tiempos, y cuando maltratamos o consentimos ese maltrato de la inocencia, estamos maltratando a Jesús.
 
Pasamos de largo para no comprometernos. Sin embargo los textos lucanos cuando nos hablan de los  pastores, nos refieren gentes sencillas, humildes y en muchos casos marginadas. Ellos no necesitaban de presentación, ni de retórica en sus palabras. Su relato del encuentro con los ángeles, lo que estos les habían anunciado y lo contaron con sus llanas palabras, pero impregnadas de ese amor que les salía del corazón. Su humildad les llevó a entregar al recién nacido lo que tenían para su propio sustento. Y San Mateos cuando habla de los Magos de Oriente nos dice que, Jesús vino sin distinción  de raza y de color, para todos por igual. O el mismo Mateo, cuando  nos dice que tienen que ir a  Egipto, a una tierra desconocida, convirtiéndose en emigrantes, como tantos que vienen buscando  por destino de la vida aquello  que no encuentran en su tierra natal.
Jesús, María y José, salieron de Belén huyendo del viejo Herodes. Estos hechos de la infancia de Jesús nos lo transmite San Lucas con tanta claridad, que parece que estos escritos están hechos para nuestros días.
Pero si alguien exhala el espíritu del Nacimiento, ese es Fray Antonio. El recibe a todos los que llegan a la puerta del convento con amor materno, con el mismo que María recibió la anunciación de la llegada del Salvador. Así nos comenta Fray Antonio: “es poco lo que damos, por tanto que recibimos”.
Hubo un caso anecdótico. Un día que Fray Antonio socorría a una persona, el puritano de turno le dijo: “no le dé nada que es para vino”, y Fray Antonio contestó: “¡Es que por ser pobre, no tiene derecho a tomar una copita del fruto de la vid!”. Este buen hermano, sabe atender las necesidades del alma tan bien como las del cuerpo.
La caridad de este hermano va más allá de las puertas de su convento, de su Jerez adoptiva. Su bondad y caridad también acarician las orillas de esta Sanlúcar, que hoy se viste con sus galas navideñas y en los hogares se desempolvan las figuras que habrán de recrear otro año, la venida del Hijo de Dios.
Paz y Bien, como decía san Francisco, en estos días de Navidad.

Fray José de Sanlúcar

 

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