Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Cuando nuestro país se encuentra en una situación tan crítica como la actual, vuelvo hoy la cabeza hacia atrás, para buscar la fe de este nuestro pueblo español.
Aún sin proponérmelo he acabado accediendo a una época, la cual, en los últimos años han tratado de borrar a toda costa, en un afán de querer olvidar una época oscura de nuestro país.
Hoy les traigo a esta columna, una breve reseña histórica que se mantiene viva en nuestra sociedad andaluza. Me refiero a la Legión Española.
Concretamente a uno de los himnos más escuchados y más aclamado por la población malagueña, en su jueves pasionario. Donde los legionarios, pasean sobre sus manos al Cristo Crucificado, y tras depositarlo en el trono acompañan a la Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Ntra. Sra. De la Soledad (Congregación de Mena) Nuestro Cristo Crucificado recoge a sus pies las almas de tantos hombres sin distinción de clases, razas o credos. Que un cuplé de primeros del siglo XX, pasara a formar parte de la vida y pasión de los españoles deshe-redados de su país y sociedad, era algo insólito, o que la sangre de estos sin nombres y sin patria, haya forjado parte de nuestra historia nacional e internacional, también lo es. Pero que este himno militar se haya introducido, en la Semana Santa Malagueña, es esplendoroso. Los legionarios acompañantes, descendien-tes de aquellos primeros, que tara-rearon aquel cuplé, hoy aclaman la pasión de Cristo en la Cruz. Sus voces a recitar envuelven al Crucificado, con un sufrido aliento. Aliento que al espirar enardece a nuestra Nación.
La Pasión acompaña a la devoción que se funde en el espíritu legionario, su irradiación marca a todos aquellos que se acercan a este mágico Jueves Santo.
En un mundo cambiante, es importante no perder de vista nuestros orígenes pues ellos, nos definirán como personas. Y como buen legionario adaptarnos a los tiempos y sus situaciones.

