Aquél nacimiento de Capuchinos

Cofrade
Aquél Nacimiento de Capuchinos
Fray José de Sanlúcar .- Hubo un tiempo donde el nacimiento del convento de Capuchinos, de Sanlúcar no se montaba. Tiempo por aquél entonces en el que yo profesaba en la Orden, pues fue allá por el 12 de agosto de 1960, que este fraile había terminado el noviciado, la formación religiosa y por lo tanto profesé en la Orden de los Hermanos Capuchinos. Y lejos de abandonar este convento de Sanlúcar seguí un tiempo en él. Era los últimos días del mes de noviembre, del año 1960. La fiesta de la Navidad, se acercaba y podía constatar como en el ambiente en la casa, pronosticaba otra Navidad sin Nacimiento. La nostalgia me embarga, pues como sanluqueño, monaguillo que había sido en el convento, me apenaba que no se montara el Belén del convento.
 Teníamos por aquél entonces visitándonos unos novicios, expertos, ellos en hacer belenes. Experiencia que habían adquirido en el seminario del convento de capuchinos en Antequera.
 
Aprovechando la ocasión decidí no dejarla pasar y actué de puente entre las dos orillas de un mismo río, entre la comunidad de aquí y los que nos visitaban por aquellos días. Acertadamente conseguí que el Padre Guardián, nos diera el visto bueno, y se pudiera después de algunos años volver a colocar el Nacimiento en nuestra iglesia.
 
A la hora de echar mano al material guardado de la última vez que se dispuso el Nacimiento, nos encontramos, con mucho material a restaurar o hacer de nuevo. Las casas, las figuritas, los elementos decorativos, todo necesitaba de una buena restauración. Me sorprendió encontrarme jóvenes novicios, no muy distantes en edades conmigo, que eran tan técnicos y expertos en estas cosas, de enseguida que aparecía algo deteriorado en unos ratos lo tenían como nuevo. Las casitas como eran de cartón o corcho, estaban muy deterioradas, pero tuvieron el acierto de montar un pueblecito en la lejanía, de forma que, los deterioros y desperfectos se ocultaban a la vista, de quien contemplaba tan singular Nacimiento.
 
Otro ejemplo de artesanía, lo mostraron con los Reyes Magos, estos que tenían que verse en la lejanía, pues resultaba que  las figuran con las que contaban resultaba imposible de crear ese efecto, al ser estas de gran tamaño. Pues nada, ellos manos a la obra, fabricaron en cartón esta escena real y colocada en la lejanía y al tras luz, podías contemplar en las arenas del desierto la sombra de este cortejo real. Ni decir tiene, que tuvo mucho éxito entre los visitantes.
 
Pero aquí no acababa las penurias para sacar adelante este Belén, pues le faltaba el gran y poderoso castillo de Herodes. Elemento que a todos nos gusta que destaque del conjunto escénico. Yo les comentaba a estos novicios, la pena que sentía, pues con un poco más de tiempo nos hubiéramos acercado al Castillo de Santiago y sacado allí unas plantillas. En aquella época no existían los adelantos que tenemos hoy, para hacer fotos, montajes que bien nos sirve para hacer plantillas en unos pocos de minutos. Aquella noche, pensando en cómo solventar el problema, me acerque al grupo de novicios y les comuniqué que no se preocupara por el castillo, pues la solución me había venido a la mente. Después estuve un rato con ellos, comentando como íbamos a darle majestuosidad al castillo, mediante unas luces en su interior, para darle vista desde la lejanía.
 
Al día siguiente por la tarde, me encaminaba yo hacia la casa de mi primo Pepe Ruiz, quién más que primo, era hermano del alma, como hubiese dicho el poeta de Orihuela, Miguel Hernández. Mis pasos se encaminaban hacia la calle del Molinillo, atravesando los caminos vecinales, donde aún no existía pensamiento de esa Avenida del V Centenario. En la casa de mi primo, acompañado de Clemensia, su madre, esperando que el primo Pepe llegase del campo junto a su padre, era de gran alegría para mí, pues recordaba las vivencias de cuando niño.
 
La cara de mi primo Pepe, era todo un poema, al encontrarme en su casa a la vuelta de trabajar en el campo, pero sin apenas darle tiempo a decir nada, le dije: “primo venía para ver si te era posible dejarme el castillo de tu nacimiento, pues estamos montando un Belén en el convento y nos falta un castillo y, yo había pensado en el que tú tienes”. Él me respondió, diciéndome: “¡mi castillo no es bonito, pata el Nacimiento del convento!” El decir esto mi primo, era que él pensaba y recodaba la importancia del nacimiento en capuchinos, para los vecinos de Sanlúcar, que se acercaban hasta allí para coger ideas. ¡Es igual, tú me los dejas! De este modo, llegué al convento con un castillo para el Nacimiento. Los novicios al verme se volvieron locos de alegría, aunque ello no les salvó de tener que hacerle algunos retoques. Le colocaron bobillas de colores, con tal presencia real, que bien me recordaba al castillo de Almodóvar, ese que contemplamos llegando a Córdoba, contemplamos sobre una montaña.
 
Este Nacimiento quedó convertido en una autentica preciosidad, así cuando las gentes se acercaban a verlo, después de varios años de ausencia, había algunas personas que se le saltaban las lagrimas. ¡Oh, qué alegría, otra vez el Nacimiento de Capuchinos! Una Navidad mágica, aquella de 1960, que aún recuerdo como si fuera ayer y precisamente ahora, se cumplen cincuenta años de aquella fiesta.
 
Cuando mi primo Pepe vino, la tarde del 25 de diciembre, el día de Pascua, el día de Navidad, a ver el Nacimiento aún se encontraba la iglesia del convento cerrada. Me acerque para avisar a los novicios de que la persona que nos había servido el castillo, mi primo, estaba aquí. Enseguida bajaron algunos de los novicios para enseñarle el Belén, entre ellos el hoy tan conocido Padre Pozo, actualmente Ministro Provincial de los Capuchinos de Andalucía.
 
En aquellas fechas, mi primo visitaba muy a menudo el convento. Aunque las normas en aquél entonces prohibían que se hablara con los novicios, Pepe Ruiz, siempre que se los cruzaba les saludaba, y hablaba con ellos, especialmente con Fray Rafael de Puente Genil (Padre Pozo)
 
Cuando los novicios llevaron a Pepe Ruiz, a ver el Nacimiento, mi primo no reconoció su castillo, lo que hizo que los novicios le llamaran la atención al respecto. Cuando mi primo, vio aquél castillo en la lejanía, con aquella iluminación, rodeado de pinos artificiales (realizado por lo novicios), perdió la dimensión de la ruta de Belén, allí no había figuras o casas, allí estaba su castillo, aunque aún así, se volvió hacia los novicios preguntándoles: ¿De verdad, ese es mi castillo?, a lo que los presentes respondieron afirmante con sus cabezas.
 
Con estas anécdotas, quiero recordar que desde antaño, todos los amigos del convento han colaborado en las fiestas del convento y, me viene al recuerdo cuando Francisco de Asís montó el primer nacimiento de la Historia, allá en la montaña de Greccio, donde su amigo Juan Velita, le buscó todo lo que necesitaba. Francisco, pidió permiso a Roma para escenificar ese momento de la Vida del Señor y lo obtuvo. De ahí viene el vínculo que toda la vida han tenido los seguidores de Francisco de Asís, con la Navidad de Cristo.
 
Por esto quiero recordar y dar las gracias a mi primo Pepe Ruiz, con el detalle que tuvo de quitar el castillo de Belén y cederlo para el Nacimiento del convento de Capuchinos.

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