Gestos sociales e institucionales en la prevención del acoso escolar
La prevención del acoso escolar requiere una implicación que trascienda el ámbito educativo y se integre en el conjunto de la sociedad, especialmente a través de mensajes visibles y acciones institucionales de apoyo a las víctimas.
Son muchas las reuniones con profesionales, responsables políticos, AMPAS, conferencias y espacios en medios de comunicación en los que siempre surge la misma pregunta: ¿qué podemos hacer para prevenir el acoso escolar?
La cuestión vuelve con más fuerza cuando la realidad golpea de la peor manera posible. Hace poco tiempo, una niña sevillana perdía la vida como consecuencia del acoso escolar. Una tragedia que conmocionó a toda la sociedad y reabrió un debate que, lamentablemente, suele activarse cuando ya es demasiado tarde. En cada entrevista, la pregunta se repetía: ¿cómo puede un niño o una niña llegar a plantearse algo así?
La respuesta es incómoda, pero necesaria: la prevención no empieza cuando el problema estalla, sino mucho antes, en lo cotidiano, en los mensajes que lanzamos y en las actitudes que normalizamos. No se trata de medidas puntuales ni de protocolos aislados, sino de acciones continuadas que eviten que las familias se sientan solas y que garanticen que ningún niño o niña vea dañada su salud mental, su libertad o su derecho a una escolarización libre de violencia.
Por ello, el acoso no puede entenderse únicamente como un problema escolar. Es un problema social que se construye y se perpetúa en silencios, miradas cómplices y en la falta de una respuesta colectiva clara. Limitar la intervención al ámbito educativo resulta insuficiente.
En fechas recientes, las cabalgatas de los Reyes Magos han vuelto a llenar las calles de ilusión. Precisamente por su carácter simbólico, estos actos representan una oportunidad para enviar mensajes claros de apoyo a las víctimas y de rechazo a cualquier forma de violencia. Sin embargo, en demasiadas ocasiones se evita abordar estas cuestiones en fechas señaladas, olvidando que, para muchos niños y niñas, el mejor regalo no es material, sino la amistad, la comprensión y el amparo frente al acoso.
Gestos como el del Rey Baltasar en la cabalgata de Sanlúcar de Barrameda, interpretado por Begoña Vargas, portando junto a su corte un lazo contra el acoso escolar, tienen un valor que va más allá de lo simbólico. Puede que pasen desapercibidos para parte de la ciudadanía, pero no lo hacen para las víctimas ni para quienes ejercen la violencia. Son mensajes claros que contribuyen a generar conciencia colectiva.
El bullying no es un hecho aislado ni exclusivo de los centros educativos. Es el reflejo de una realidad social que exige respuestas firmes, visibles y sostenidas en el tiempo. Solo desde una implicación institucional y social real será posible avanzar hacia una prevención efectiva del acoso escolar.
